Los padres les enseñan a los hijos que deben decir la verdad y la contraponen a la mentira, que debe evitarse. Una persona mentirosa no es bien vista y no se le puede tener confianza, porque no se sabe si dice o no la verdad o si engaña con una mentira. En esto podemos descubrir que decir la verdad significa decir las cosas son en realidad o decir lo que efectivamente sucedió. Indudablemente la verdad apunta hacia algo que no depende de la persona que la dice, apunta hacia algo objetivo que, en cuanto que es o que ha pasado, subsiste más allá del sujeto que habla o que escucha.
Por otro lado, resulta que al ver o conocer las cosas cada uno se encuentra situado en un punto de vista, o en unas situaciones o condiciones desde las cuales capta el objeto que se le presenta. La verdad que apunta al objeto se encuentra, sin embargo, en un sujeto limitado, de modo que no se halla perfectamente en el sujeto. Pero sin sujeto no hay conocimiento ni comunicación.
Para los seres humanos la objetividad y la subjetividad del conocimiento son imprescindibles. Tenemos certezas o conocimientos sólidos, de algo, pero también opiniones, cuando nos inclinamos por la afirmación o la negación, pero sin total seguridad. Ignoramos muchísimas cosas y tenemos dudas de otras. Todo esto corresponde a nuestra condición humana, pero nos lleva a consideraciones muy importantes para nuestro modo de vivir.
Que los padres pidan a sus hijos decir la verdad, nos permite ver que la vida social, comenzando por la de la familia, no es posible sin la verdad. El hecho de que existan opiniones, dudas e ignorancia, no nos exime de buscar la verdad y de reconocer el aspecto objetivo de la verdad. Ni siquiera se podrían confrontar opiniones diferentes si todo fuera puramente subjetivo. Si fuéramos sujetos encerrados en sí mismos, sin apertura a lo objetivo y a los otros sujetos tendríamos que llegar al caos y a la destrucción. El diálogo solo es posible cuando existen al menos dos sujetos y hablan de algo, es decir, de un objeto.
La cuestión de la verdad resulta por tanto de interés social y no solo individual, por más que el llamado relativismo, que diluye finalmente lo objetivo en lo subjetivo porque cada uno tendría su verdad, pueda ser un modo de pensar ampliamente difundido. Es verdad que en las guerras se mata, es verdad que las pandemias causan muertes, o los terremotos. Es verdad también que cada uno con su acción puede contribuir, tal vez poco, a mejorar nuestro mundo.