Política

Necesidad y contingencia

Hay cosas que por fuerza o inevitablemente son o suceden y otras que podrían ser o no ser o también suceder o no suceder. Las primeras se llaman necesarias, las segundas se llaman contingentes. Además, muchas veces decimos que algo es necesario no absolutamente, sino como condición para otra cosa. Así, si hablamos de Dios, decimos que es un ser necesario, pero de las criaturas decimos que son seres contingentes y, desde otro punto de vista, podemos estar seguros que, en términos generales, para comprar algo es necesario el dinero.

Desde el punto de vista social y ético la distinción es relevante, como de por sí lo es ya desde el punto de vista de la ética general. Para establecer criterios de comportamiento, sobre todo si se trata de establecer lo que moralmente obliga y lo que no, se debe llevar a cabo un discernimiento sobre la necesidad de las acciones. La consideración de la necesidad de las acciones, a su vez, nos conduce a la de los fines a los que ellas tienden y al sentido de la vida y de la sociedad. ¿Qué es lo realmente es necesario? ¿Qué es, en este terreno, lo contingente, lo que puede ser o no? ¿Qué puede ser de un modo o ser de otro?

Los seres humanos buscamos, de una u otra forma, la felicidad. De la búsqueda podríamos decir que se trata de una cosa necesaria, pero la buscamos por diferentes caminos por lo que, en cierto modo, los caminos son contingentes. Socialmente e íntimamente conectado con el fin personal, se busca como fin algo así como la felicidad social, que consistiría en el bien común, que le daría sentido a la sociabilidad, pero también en este caso nos encontramos con muchos caminos posibles, es decir, contingentes.

Un cierto consenso se hallaría en afirmar que la felicidad social supone bienes como la seguridad de los ciudadanos, la justicia, la suficiencia económica y otras cosas de ese tipo. Faltaría todavía precisarlos y determinar cómo alcanzarlos. La necesidad de los medios depende aquí de la relación con los fines.

La consecución del fin de la sociedad requiere necesariamente acciones de solidaridad y subsidiaridad, así como participación ciudadana. En este sentido puede establecerse la obligatoriedad de que las actividades en la sociedad estén regidas por estos principios. La "activación" de estos principios ciertamente puede ser favorecida por el derecho, pero en el fondo requieren ante todo una convicción y una actitud de fondo. Si bien todos los hombres son capaces de descubrir las exigencias morales, para un cristiano el lugar central de estos principios en la convivencia con sus semejantes debería resultar claramente de las enseñanzas evangélicas.

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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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