La Navidad se celebra ampliamente en el mundo, incluso de alguna forma en países y lugares donde no existe una tradición cristiana. Bajo esta perspectiva se le asocia de modo general a los deseos de paz entre los hombres y a la cercanía con las personas más cercanas afectivamente, así como a la solidaridad con los necesitados. Con todo, es muy claro que la raíz de la celebración es el nacimiento de Jesucristo hace aproximadamente 2020 años (dejando de lado las discusiones académicas sobre el tema).
Los creyentes consideramos que aquel evento marcó la intervención de Dios en la historia humana, de modo que el niño que nació, siendo verdaderamente un ser humano, era al mismo tiempo Dios. Esta presencia divina en el hombre es la base de los deseos y sentimientos de paz, amor y solidaridad que laten en las celebraciones navideñas.
La Iglesia Católica relaciona varios pasajes de los evangelios de la infancia con su doctrina social. Especialmente destacable es el cántico del “Magnificat”, que nos transmite Lucas, quien relata cómo María lo entonó cuando fue a visitar a su prima Isabel.
Se conoce con este nombre porque así comienza en su traducción latina y significa que la Virgen alaba o proclama la grandeza de Dios. Es muy llamativo que ella “proclama el advenimiento del Misterio de la Salvación, la venida del Mesías de los pobres”. No sólo esto, sino que presenta a Dios como quien “derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías, dispersa a los soberbios y muestra su misericordia con aquellos que le temen”. Apoyados en este texto evangélico, “los discípulos de Cristo están llamados a renovar la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes”.
Jesús nació en un ambiente de trabajo y sus perspectivas de desarrollo humano eran las de aprender el oficio de José, como de hecho sucedió, pues “dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero en el taller de José”. Obviamente esto abre las puertas a la meditación y a la acción sobre las cuestiones del trabajo, que por lo pronto señalamos, sin poder detenernos ahora a considerarlas.
Aunque se podrían señalar otros, por lo pronto consideremos estos elementos y descubramos que la Navidad posee un fondo social muy fuerte e irrenunciable que nos impulsa al compromiso.