Política

Mentiras y falsedades

La vida en sociedad de los seres humanos surge y se desarrolla por los principios de la dignidad de la persona, del bien común, de la solidaridad, de la subsidiaridad, de la participación y del destino universal de los bienes, pero pueden considerarse, además, en relación con ellos, algunos aspectos del bien al que se dirigen esos principios, que se llaman valores sociales. Se trata de la verdad, la libertad, la justicia y el amor.

Si nos detenemos un poco en la verdad, podemos darnos cuenta de que el buen desarrollo de la vida social requiere de la verdad para que la vida de la comunidad sea ordenada, fecunda y de respeto a la dignidad de cada uno. El compromiso moral que implica la búsqueda de la verdad y su reconocimiento en la palabra y en la acción se vuelven cruciales en los temas de la comunicación pública y de la economía.

A la verdad se opone, en primer término, la falsedad. Una proposición es verdadera o falsa, aunque nuestra posición ante ella puede ser variada. Así, nuestra mente puede ignorar la verdad, tener sobre ella duda, opinión o certeza. Estamos hablando del plano de la lógica y del conocimiento, pero hay otro plano humanamente decisivo, que es el plano moral.

A la verdad también se opone la mentira, que supone la falsedad, pero que no es lo mismo que ella. Alguien puede decir algo falso porque está equivocado, pero creyendo que lo que dice es verdad, y no está diciendo propiamente una mentira. La mentira se da, en cambio, cuando se dice algo falso sabiendo que es falso y con el fin de engañar a otro. Por eso la mentira es en sí un mal moral, una falta ética, porque propone a sabiendas lo falso como verdadero.

El ámbito de la comunicación pública y de la economía que hemos mencionado se vinculan íntimamente con los asuntos relativos a la comunidad política y a la comunidad internacional, además de la comercial en general. En estos ámbitos la experiencia y la historia muestran que fácilmente se recurre a las mentiras. Sin embargo, el fondo del problema es el mismo del uso de la mentira en terrenos más restringidos, como es el familiar, escolar, laboral y otros en los que no solamente las elevadas autoridades sino cualquiera de nosotros se desarrolla.

Si deseamos que no sea la mentira la que rija primeramente nosotros mismos tenemos que optar por la verdad y generar ambientes en los que el respeto a cada persona induzca a evitar el engaño y la mentira. Además de eso, a nivel más amplio fomentar y exigir, en cuanto posible, que quienes se hallan en puestos de responsabilidad actúen y hablen según la verdad.


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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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