Política

Diálogo y Bien Común

Suele hablarse del diálogo como una alternativa al uso de la fuerza, sobre todo en los casos de mayor dimensión, en el que parece que la guerra es el camino para lograr solución a un problema internacional. Los papas, por ejemplo, en el siglo pasado, se dirigieron a los gobiernos, esperando que encontraran en ese medio mejores soluciones que el recurso a las armas tanto en la primera como en la segunda guerra mundial. Pero el diálogo en realidad justamente puede proponerse de forma mucho más amplia, incluso para resolver los conflictos familiares. El diálogo parece que puede aplicarse a todos los niveles de la sociedad.

Para que el diálogo funcione lo primero en que debía pensarse es cuál es la meta que desea alcanzarse y el sentido que tiene. Socialmente hablando el diálogo tiene como punto de referencia el bien común, es decir, se dialoga con otros porque se desea contribuir al establecimiento de las condiciones en que todos puedan desarrollarse y perfeccionarse con justicia. Por ello no conviene confundir el diálogo con otras actividades comunicativas que poseen otra finalidad.

Es muy lícito, por ejemplo, hacer propaganda de las propias ideas, o del ideario de un grupo, pero eso no es diálogo, sino precisamente propaganda. Es muy lícito hacer notar lo que se considera errado de las propuestas de otras personas y grupos, pero eso no es diálogo tampoco, podría ser parte de un debate o de una polémica.

El diálogo presupone que se dan ideas y sensibilidades diversas a las propias pero no se estructura como medio de convencimiento o de debate, lo cual puede darse legítimamente, sino como la vía para comprender mejor la otra posición en orden a mejorar o posibilitar la convivencia. Se trata de una comunicación que busca la paz y, por ello, se plantea como medio para construir el bien común.

El diálogo puede darse en los varios ámbitos de la vida social, como la economía, la política, la religión. No se basa en la renuncia de las propias convicciones o en la de que al final todo es igual, sino en la posibilidad de que los seres humanos podemos escuchar y comprender a los demás, cediendo un poco en el terreno precisamente de la convivencia, no de las convicciones, en el marco del respeto de la dignidad y de la vida humanas.

En el terreno religioso, por ejemplo, sería absurdo pensar que el diálogo entre las tres grandes religiones monoteístas consista en que nos pongamos de acuerdo porque cada una es una "forma" de lo mismo (de creer en un solo Dios). Un judío no aceptará, mientras sea tal, que Cristo sea el mesías y el Hijo de Dios, ni un musulmán aceptará, sin dejar de ser musulmán, que Cristo, a quien considera profeta, sea la segunda persona de la Santísima Trinidad, como lo afirmamos los cristianos. En cambio es factible buscar la forma de respetar los derechos de todos.

El diálogo, siendo tan valioso, sin embargo no es siempre posible, pues no se puede prescindir de las partes que deben intervenir o sustituirlas. Cuando ambas partes o una de ellas no estén dispuestas a dialogar el conflicto será más difícil de resolver y podrá portar mayores males.

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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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