Política

Complementariedad

Aquello que completa o perfecciona algo se llama complementario. Un ser puede ser completado con añadidos no esenciales, como por ejemplo un adorno, aunque añada una cierta perfección. Otras cosas, en cambio, pueden necesitarse tanto que su falta frustra la perfección, como la libertad para el ser humano. Otras, todavía, pueden necesitarse mutuamente, de modo que se condicionan mutuamente, como el alma y el cuerpo.

En orden a ciertos fines algo puede necesitar ser completado o integrado con otra u otras cosas como, por ejemplo, en orden a una competencia de tiro con arco se necesita el arquero, el arco, las flechas, etc. En relación a la especie humana y en orden a su conservación y crecimiento, cuyo nivel básico es la reproducción, son complementarios el hombre y la mujer. Tal complementariedad está compuesta por sólo dos elementos con exclusión de cualquier otro, y esto no depende de ninguna ideología, pues así es la realidad.

La reproducción sexual no es invención humana, sino un camino que a través de millones de años han seguido un sinnúmero de especies vivientes poblando la faz de la tierra. Es por eso que cada ser humano, aun compartiendo en primer lugar una dignidad como ser que conoce y que ama, y compartiendo muchos otros elementos constitutivos, se sitúa por su mera existencia como ser humano en uno o en otro lado del binario, porque en la reproducción sexual no hay más que dos posibilidades: femenino o masculino.

En los seres humanos se da un proceso que va desde la concepción y nacimiento, hasta la madurez biológica, psicológica y espiritual. No se puede minusvalorar la importancia antropológica de los constitutivos esenciales del punto de partida del proceso.

De ahí que el papel de los padres sea capital en el desarrollo de los hijos y la complementariedad del hombre y la mujer se proyecte más allá del nivel fundante, biológico, e influya fuertemente en los rasgos psicológicos y en la personalidad de los individuos, si bien en ellos confluyan muchos otros factores.

El hombre y la mujer son iguales en muchas cosas, ante todo en ser personas, en gozar de inteligencia y voluntad, en poder amar y conocer. Pero son complementarios porque existen entre ellos diferencias: cada uno posee algo que no posee el otro. Esta complementariedad lleva como fruto propio la fecundidad. Forzar a las mujeres a ser iguales a los hombres o viceversa en aquello en que son diferentes es obstaculizarles la propia realización.

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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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