Política

El primero de cuatro…

La entrega pasada señalé que los dilemas éticos son difíciles de abordar y resolver, especialmente cuando no se tiene un método a mano para ello.

Con el fin de que la puerta no le pesque los dedos, iré de lo simple a lo complejo, así que hoy toca hablar del método intuitivo. Lo ilustraré echando mano de una situación que de ficticia tiene poco.

Imagine que una noche cualquiera acude al cajero automático a hacer un retiro. De no ser porque le urgía el dinero en efectivo, jamás habría realizado el retiro a esa hora ni en ese sitio, ya que la zona es bastante insegura. Consciente de que no era la mejor idea, pidió a su hijo que se bajara del coche y se apostara justo a la entrada del cajero –si no tiene hijo, intercambie al acompañante por un sobrino de 19 o 20 años–. Torpemente saca de su billetera la tarjeta; después de un leve malabareo producido por los nervios la temblorina se esfuma cuando descubre que en el dispensador de billetes asomaba un fajo con diez billetes de 500 pesos. La hipnosis producida por dicha imagen fue interrumpida por el “¿todo bien?” de su joven acompañante. Tras un silencio largo, usted contestó: “Sí, todo bien, el único problema es que no sé qué hacer”.

Ahora ubíquese en el aquí y el ahora, y responda mentalmente qué habría hecho ante dicha situación.

Quien tiene como método decidir a partir de sus intuiciones morales, lo primero que hace es preguntarse: ¿vale la pena asumir el riesgo –lo que se entienda por riesgo– si éste traerá un beneficio para mí?

Habiendo dado respuesta a esa pregunta, ahora deberá responder la siguiente: si alguien se entera de lo sucedido, ¿seré capaz de enfrentar lo que diga de mí?

Piense en cualquier otra situación dilemática, y verá que decidir echando mano de este simple par de preguntas le permitirá hacer un alto en el camino y reflexionar, al menos, en torno a dos elementos que deben estar presentes en toda decisión ética: los beneficios y la reputación.

Si hay un equilibrio entre ambos elementos, la decisión deberá ser tomada. Si la balanza se inclina para uno de los lados, entonces deberá repensar el escenario con más detenimiento.

Sobre el método sintético, le hablaré en la próxima entrega.

Pablo Ayala Enríquez


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