El pene es el órgano más sincero del cuerpo del hombre. Aunque el pene siempre dice la verdad, durante mucho tiempo se ignoró cómo lo hacía. Se creía que el pene tenia “voluntad propia” . Algunos creían que estaba al servicio del demonio; otros pensaban que las neurosis comandaban la flaccidez del pene.
Como quiera que sea, a través de los siglos el pene ha sido el protagonista de la historia. Hoy en día los pacientes dicen que la impotencia les roba parte de si mismos, la parte intima del matrimonio; nos quita la paciencia y el humor; es como un knock-out al ego. Dígase lo que se diga, la capacidad de erección es importante para el hombre; de hecho, para muchos es lo más importante. Es el símbolo de “Masculinidad y Control”. Pero ¿quien controla a quien? ¿El hombre al pene, o el pene al hombre?.
En los años 80’s un laboratorio, Pfeizer, encontró la respuesta por accidente. Ellos empezaron a usar el Sildenafilo o Viagra como un medicamento contra la angina de pecho; los resultados fueron un desastre, los pacientes estaban molestos porque tenían más dolor anginoso en el pecho; pero sonreían por tener erección. A partir de ahí la relación del hombre y el pene cambió.
El misterio desapareció; el hombre recuperó el control sobre su pene; ahora el pene depende de la voluntad de su poseedor; los fármacos y las hormonas como la testosterona le arrebataron la “voluntad propia al pene” . Hoy el hombre puede sostener su “ hombría” con la mano; sentirse seguro de sí mismo y sonreír. El pene un órgano por momentos independiente y quisquilloso, ha sido domesticado por su dueño; con la ayuda del “escudo y el ariete” de los fármacos de la erección. Con estas herramientas el pene se ha convertido es un órgano en quien confiar; promotor de millones de hogares felices.
Dando vida a lo que antes parecía marchito.
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