Primero fue Alejandro Gertz Manero. Después Adán Augusto López. Ahora Marx Arriaga. La secuencia no es casualidad ni ajuste administrativo: es mensaje político. El cambio con estrategia avanza.
Al interior de la 4T algunos intentan simular una guerra fría doméstica y de bajo costo: las huestes radicales reclaman una supuesta traición a los principios originales del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y exigen una pureza ideológica que, en los hechos, resulta funcional al conflicto permanente. El caso de Marx Arriaga en la Secretaría de Educación Pública es el ejemplo más visible de esa confrontación y de las distintas formas de entender el concepto de caudillo, según convenga.
La presidenta Claudia Sheinbaum —con lectura internacional en mano— ha visto la caída o desgaste de varios gobiernos de izquierda en el mundo y ha optado por otra ruta: moderación, pragmatismo y equilibrio táctico. Mantener una relación estable con Estados Unidos sin romper con América Latina no es claudicación, es cálculo de Estado. Esa decisión la coloca en registro de estadista, no de agitadora.
El problema es que el “segundo piso de la cuarta transformación” convive aún con perfiles heredados que tensionan ese equilibrio. El polémico responsable de los materiales educativos es uno de ellos. Su narrativa combativa, su inclinación al conflicto y su permanente apelación al martirologio incomodan tanto a Washington como a sectores empresariales nacionales, especialmente cuando la “Nueva Escuela Mexicana” es observada con lupa.
Arriaga parece decidido a convertirse en símbolo y trinchera. Ya no cuenta con el respaldo irrestricto de los primeros círculos que lo encumbraron como arquitecto de los nuevos libros de texto, pero su activismo digital sigue siendo combustible para quienes buscan descomponer la estrategia actual.
En la nueva etapa no hay interés en reabrir viejas batallas ni en sostener radicalismos que viven del pasado. Sin embargo, al reclamo de Arriaga se suman —aunque en voz baja— quienes desean mantener a la Presidenta atrapada en el escándalo.
Palabras clave
La semana pasada los radicales se sintieron vulnerados, necesitaban un caudillo: lo encontraron en Marx Arriaga. La respuesta se suma a un mismo mensaje: el orden interno comenzó, y no parece reversible. “Antes como antes; ahora como ahora”.