M+.- Hay goles que cambian partidos y otros que terminan definiendo épocas. El que Irán creyó haber anotado frente a Egipto terminó siendo anulado por unos centímetros detectados por el fuera de juego semiautomático. La tecnología habló. El reglamento también. Pero la polémica comenzó mucho antes de que el balón cruzara la línea de meta.
Porque la selección iraní llegó al Mundial jugando un torneo distinto al del resto. Mientras las demás selecciones se concentraban con normalidad, Irán debió establecer su cuartel en Tijuana. Las restricciones de ingreso a Estados Unidos impidieron que desarrollara la logística prevista; durante semanas tuvo que cruzar la frontera para disputar sus partidos, enfrentó problemas de visados para parte de su delegación y vio cómo miles de sus aficionados se quedaban sin la posibilidad de acompañar al equipo.
El futbol presume ser el idioma universal. La FIFA insiste en que el balón no entiende de guerras, sanciones ni ideologías. Sin embargo, el Mundial de 2026 demostró que la geopolítica también puede entrar a la cancha.
Cuando el silbatazo final confirmó la eliminación iraní, el capitán Mehdi Taremi no habló del fuera de juego. Habló de un torneo en el que, según él, “hicieron todo lo posible por dejarlos fuera”. Podrá discutirse la dureza de sus palabras, pero resulta imposible ignorar que su selección compitió bajo condiciones que ningún otro participante enfrentó.
El gol anulado quedará para la estadística. Lo que permanecerá como debate será otra cosa: ¿puede hablarse de igualdad deportiva cuando un equipo debe superar obstáculos políticos y migratorios antes siquiera de disputar un partido?
Paradójicamente, fue México el que ofreció a Irán un refugio inesperado. Tijuana terminó convirtiéndose en su casa temporal y la afición mexicana lo adoptó con una solidaridad que contrastó con las restricciones que marcaron su participación.
Palabras clave
Quizá el mayor fuera de lugar de este Mundial no estuvo en la posición de un delantero. Estuvo en permitir que la política terminara ocupando un lugar que nunca debió abandonar el futbol. Para el debate quedará ese extraño empate fuera del tiempo reglamentario de Austria contra Argelia, que puso el último clavo al ataúd de la selección iraní.