M+.- El sábado se consumó una tomadura de pelo más del oficialismo con el registro de aspirantes —totalizaron 277— a encabezar los eufemísticos “comités de defensa de la transformación y la soberanía”, de donde surgirán los candidatos a las 17 gubernaturas que se disputarán en 2027.
Se trata del arranque descarado de una precampaña electoral en que lo sorprendente es que los propios machuchones de Morena exhiben la dimensión de su patraña.
Uno de los más impresentables de la nomenclatura, Félix Salgado Macedonio, tocó la flauta y argumentó contra el embuste con lógica elemental:
“Si gano la encuesta, ahí me quedo coordinando los comités y apoyamos a quien determine Morena para la candidatura”.
Pero su partido lo vetó pretextando nepotismo (su hija Evelyn gobierna Guerrero) y él pataleó:
“No se puede registrar a familiares que tengan inmediatos para sucederlos en el cargo (…), pero me dijeron que era un cargo para competir por la coordinación de los comités de defensa de la cuarta transformación y ahí yo cumplo todos los requisitos, todos, hasta la regla antinepotismo porque no voy a suceder a alguien que tenga ese encargo. Es un encargo nuevo, no viejo, ni que yo tenga que sustituir a alguien. Es un encargo honorífico, sin salario, y es del partido, de mi partido. Entonces yo, como militante de Morena, tengo derecho a participar…”.
La presidenta de la Comisión de Elecciones de Morena, Citlalli Hernández, atajó: Salgado no puede competir porque no hay excepciones en lo del nepotismo:
“Nosotros vamos a cuidar nuestro proceso y vamos a respetar nuestras reglas, no hay paso a otra interpretación. Estamos construyendo un proceso sin amiguismos, sin nepotismo, sin dedazos, sin cuotas, sin cuates, porque esta interpretación de él, de que como estamos en un proceso de coordinación estatal no aplica la regla del nepotismo, ya luego, en tiempos electorales, sí aplica. Por eso para nosotros no puede haber una coordinación estatal de defensa de la transformación que sea familiar de alguien que esté gobernando esa entidad. Es sencillo porque, aunque son dos vías —el ejercicio del gobierno y el ejercicio del partido— nuestra lógica es que no se acumule el poder en un grupo de personas o en un grupo familiar” (esto remite a lo que ocurre en los gobiernos del obradorato, infestado de parentelas amamantadas por el erario).
Lo elástico de la ética cuatrotera es evidente:
Salgado tiene razón y el cruce de declaraciones expone los calzones del engaño: Morena no busca “coordinadores” de nada, perfila candidatos a las gubernaturas, lo que significa un descarado adelanto del proceso electoral que legalmente no debe comenzar antes de la primera semana de septiembre.
La marrullería es endémica: mientras las leyes fijan con precisión cuándo empiezan las campañas, el régimen responde con una sonrisa cínica: “No
son campañas”.
Igualito que el ladrón sorprendido con las manos en la caja, y alega que no estaba robando sino apenas probando la cerradura...