Política

La vieja tentación entreguista

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M+ La presidenta Sheinbaum decidió subir varios decibeles el tono político de su gobierno. Lo hizo desde el Monumento a la Revolución, en un discurso que comenzó como un informe de resultados y terminó convertido en una defensa frontal de la soberanía nacional. Y quizá tenía razones para hacerlo.

Porque cuando una oficina del Departamento de Justicia de EU solicita la detención y extradición de autoridades mexicanas en funciones; cuando desde el extranjero se pretende señalar quién es culpable antes que las instituciones mexicanas; cuando las acusaciones comienzan a mezclarse con calendarios electorales, la discusión deja de ser jurídica, se vuelve política y asimétrica.

La advertencia de Sheinbaum fue clara: México no puede permitir que funcionarios de Washington terminen convirtiéndose en los grandes electores de 2027. Porque hoy pueden venir por un gobernador, mañana por un senador y pasado mañana por cualquier actor político que resulte incómodo para determinados intereses.

La Presidenta puso el dedo en una herida histórica. La relación con EU ha estado marcada por la cooperación, pero también por episodios tensos. Y aunque el combate al narcotráfico exige coordinación bilateral, existe una línea roja que ningún Estado soberano puede aceptar: Que otro país pretenda decidir el rumbo de sus instituciones o de sus procesos democráticos.

Por eso una de las frases más relevantes del discurso fue aquella en la que convocó a los mexicanos a salir a plazas públicas y defender la patria bajo una consigna simple, pero poderosa: “La patria no se vende. La patria se ama y se defiende”.

El mensaje no estaba dirigido únicamente a la oposición. Tampoco sólo a Washington. Era una convocatoria nacional. Porque la defensa de México no es una bandera de izquierdas o derechas. Pertenece a los mexicanos.

Y ahí aparece otro elemento del discurso presidencial: la referencia a quienes, por cálculo político, celebran cualquier presión extranjera sobre su propio país. La historia mexicana tiene una palabra para ellos: entreguistas. Los hubo durante la invasión estadunidense, durante la intervención francesa y también en distintos episodios del siglo XX. Cambian los nombres, las circunstancias, pero la lógica es la misma: apostar por la presión externa para resolver disputas internas.

Sheinbaum parece haber entendido que la batalla rumbo a 2027 no será solamente electoral. Será una disputa por la soberanía. Porque una cosa es cooperar con EU para combatir al crimen organizado. Y otra muy distinta es aceptar que el Departamento de Justicia se convierta en árbitro de la democracia mexicana.

La diferencia entre ambas cosas es exactamente el tamaño de nuestra independencia. Y eso, guste o no, debería importarles a todos. Desde Palacio Nacional hasta los más fervientes opositores. Porque cuando se trata de defender a México, los bandos terminan y empieza la patria. Y no hablamos de ser patrioteros. Es la defensa de la soberanía nacional.


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Oscar Cedillo
  • Oscar Cedillo
  • Director General Editorial de Grupo @Milenio. Journalist, Digital, DJ and Biker / Escribe todos los lunes su columna Contraseña
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