Política

La gestión invisible del agua en Israel para evitar el Día Cero

En Israel se entendió algo que cambia completamente la conversación sobre el agua: la más valiosa no es la que se ve, sino la que no. No es el lago, la presa o la lluvia, sino aquella que se pierde en fugas, la corre como agua residual después de usarla y la que fluye bajo tierra.

En un país donde la escasez es una condición natural y estructural, Israel comprendió que antes de buscar nuevas fuentes, había que administrar la existente. La pregunta nunca fue ¿cómo conseguimos más agua?, sino ¿cuánta estamos dejando ir sin darnos cuenta?

En el contexto del Día Mundial del Agua, muchas discusiones giran en torno a sequías, cambio climático y pocas lluvias, pero el llamado Día Cero, escenario en el que se agota el agua, no es súbito. La experiencia israelí sugiere que, más allá del clima, la diferencia radica en cómo se administra y gestiona cada gota.

El primer enemigo invisible son las fugas. En muchas ciudades del mundo, en promedio el 30% del agua potable se pierde antes de llegar al usuario, el llamado non-revenue water. Israel redujo esa merma a cifras de un sólo dígito mediante monitoreo en tiempo real, sensores de presión y sistemas digitales que detectan anomalías antes de que se generan rupturas. Las tuberías no se revisan hasta que revientan, se supervisan permanentemente. El resultado no es sólo el ahorro de agua, sino la estabilidad del sistema.

El segundo gran recurso invisible es el agua residual. Israel reutiliza cerca del 90% del agua, principalmente en agricultura, gracias a sistemas avanzados como la planta de tratamiento Shafdan, que transforma lo que antes era desecho en un insumo productivo. En lugar de ver el drenaje como el final del ciclo, se convirtió en el inicio de otro.

También existen los flujos subterráneos. La gestión de acuíferos es estratégica y no pasiva, con monitoreo constante de niveles, calidad y recarga. La desalinización, con plantas como Sorek, no sólo abastece una parte significativa del consumo humano, sino que permite “descansar” fuentes naturales y evitar su sobreexplotación. No se trata de sustituir la naturaleza, sino de administrarla con información precisa. Todo esto funciona gracias a la digitalización: el agua dejó de ser sólo infraestructura hidráulica; se convirtió en infraestructura inteligente.

Cuando se observa el caso israelí en conjunto, una de las lecciones principales es que el Día Cero no es repentino ni únicamente consecuencia de la falta de lluvia, sino del acumulado de pérdidas, del monitoreo insuficiente y de decisiones postergadas. La sequía puede ser el detonante, pero la gestión determina la magnitud del impacto.

Porque al final, la seguridad hídrica no depende únicamente de la cantidad de agua disponible, sino de cómo se administra. El agua más valiosa es la que no vemos: la que evitamos perder, recuperamos y sabemos medir.

Este Día Mundial del Agua, tal vez la pregunta no sea si habrá sequía, sino si estamos observando con suficiente atención aquello que ocurre debajo de nuestros pies y si estamos aprovechando las soluciones que ya existen para gestionarlo mejor.


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Nadav Peldman
  • Nadav Peldman
  • Jefe de Misión Adjunto, embajada de Israel
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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