Hoy día 15 de mayo, día del maestro y de la maestra, se anunció un nuevo tabulador salarial con incremento en los sueldos base. Este tema siempre es controvertido y el aumento nunca alcanza (ni alcanzará algún día) a satisfacer las demandas y expectativas del gremio magisterial uno de los más importantes, tanto por su tarea educacional, como por su solidaridad o no, con los gobiernos con los cuales se relacionan.
Ir a la escuela es para los infantes y los adolescentes una prioridad pues la educación proporciona, aún dentro de la precariedad de apoyos, la sustancia necesaria para hablar, leer, estudiar, defenderse y hacer propuestas. Los veinte años recientes han sido de grandes avances de la ciencia, la tecnología y de la sociedad en su conjunto. Es cierta la ausencia de un porcentaje de niños, niñas y jóvenes en las escuelas; y cierto que el porcentaje respecto de la cantidad total de esos niños disminuye año con año. Y, a la vez, sabemos bien lo imposible de lograr una cobertura del cien por ciento, pues existen dificultades insalvables por ahora.
Por eso, ahora preocupa mucho más a la sociedad en general y a los padres y madres de los estudiantes, la necesidad de un aprendizaje acorde con el avance de las ciencias, las tecnologías y el aparato ideológico con el cual nos explicamos las realidades nuevas y ahora en permanente surgimiento. Apenas nos empezamos a familiar con el celular y hoy, ese mismo “aparatito” es una minicomputadora con mil y un posibilidades de ayudar a la vida diaria, a la función de aprender y enseñar, y a la vez mantenerse enterado casi al minuto de las noticias del mundo.
Hoy, sigue siendo materia de controversia, si infantes y jóvenes deben o no disponer de un celular y acceder a los programas de inteligencia artificial. Hay posturas extremas para el “sí” y para el “no”. También para el “a ratos”. El mismo fenómeno ha sucedido frente a otras novedades, tales como los autos de gasolina y ahora los híbridos y los eléctricos. Menos popular es la discusión sobre los adelantos en la ciencia médica y los remedios nuevos para enfermedades ahora tratables y antes de “pronóstico reservado”. Así, los adelantos ponen retos muy fuertes a la docencia, a la escuela y desde luego al perfil del maestro, maestra.
En términos muy generales hoy el verdadero reto enfrentado por los educadores no es el saber la información para comunicarla a los estudiantes. El reto es desarrollar procesos para lograr e incrementar en los estudiantes la capacidad de aprender. Ya no se trata de maestro que enseña y estudiante que aprende. Ahora es estudiante que aprende y maestro que ayuda a desarrollar las competencias del aprender y no tanto “enseñar” los conceptos o los métodos para que se los aprenda.
Puede parecer una diferencia sutil. No lo es. No todas las personas aprendemos con los mismos procedimientos. No a todos nos es útil un modo de aprender seleccionado por el maestro. A todos nos es útil preguntarnos cómo aprendemos a utilizar la información de las diferentes materias para aprender a utilizar esa información a fin de comunicar mejor mis ideas, mis reclamos, mis sentimientos… lo que sea necesario.
Es cierto. Aprender a aprender no es una novedad como fin de la educación, pues nos indica la importancia de nunca dejar de aprender en un mundo en permanente movimiento e inquietud. Se trata de una idea un tanto diferente. Se le dice “acompañamiento pedagógico”. Es una corriente de pensamiento educativo con algunos años de vida y ahora aparece muy eficiente y eficaz para dos aspectos de la educación en estos tiempos de cambios vertiginosos. El maestro no tiene que empeñarse en idear qué y cómo hablar o informar a sus estudiantes. Tiene – debe quizá – encontrar, detectar, establecer cómo aprenden los estudiantes. Lo primero será darse cuenta que no todos aprenden con las mismas acciones y prácticas. Y de ahí la clave del maestro para detectar la diversas acciones de los diferentes alumnos, a fin de proponerle a cada grupo diversos las acciones pertinentes a ese modo. Claro, es más “pesado” para el maestro esta necesidad clave de comprender y determinar las acciones realizadas por los alumnos y estar listo para apoyarlos. Diferentes estudiantes, quizá dispongan de diferentes modos. Y, la clave es, una vez detectado y comprendidos los diversos modos… prepararse para apoyar con las acciones del maestro a cada modo, a cada grupo de alumnos.
Y se ha llamado “acompañamiento” no modo infalible de colaborar con los aprendices. Si el maestro encuentra a un cierto grupo capaz de discutir entre ellos como resolver el problema – que no “tarea” – propuesto por él mismo, su tarea será tomar nota de los sucesos y sus frutos. ¿Se puede? Claro pues ya no tendrá que pararse horas y horas ante el pizarrón y dictar cátedra, pedir lectura del texto único y luego dejar una tarea para el día siguiente.
La observación detallada y crítica de las acciones de los grupos de estudiantes permitirá retroalimentar las acciones que no hayan funcionado bien o mal, a fin de acompañar a los estudiantes a corregir el proceso seguido por ellos. Esta retroalimentación también se logra si los diferentes grupos de estudiantes comparten su experiencia con los demás y aporta los distintos logros y fallos vividos en el proceso de aprendizaje; y además, pueden aportar al maestro aquello que les ayudó y lo que no; así el maestro va a mejorar su práctica. Seguro la demanda para el maestro será más fuerte y numerosa. Sin embargo, el aprendizaje de los estudiantes será mucho mayor, apropiado, aplicable y con respuesta a los “porqué” es así o de otro modo el aprender las diversas materias, las cuales revelarán sus relaciones con mayor facilidad y eficacia.
Día del maestro. Día de acompañar al maestro por sus realizaciones. Día de ofrecerle nuevos caminos para superar lo ahora considerado mejorable y más eficaz. Felicitaciones para los maestros.