Política

La lección de las piernas

Lo ocurrido con la mujer en el balcón de Palacio Nacional no es, en esencia, un asunto de relevancia nacional ni algo que afecte directamente a la mayoría de los mexicanos. Es, más bien, un síntoma de cómo algunos servidores públicos entienden y ejercen el poder. Y eso, para la 4T, ya representa un problema.

También exhibe una forma recurrente de gestionar la información pública, no sólo desde el gobierno federal, sino en distintos niveles de gobierno en México: primero la negación al asegurar que se trataba de una imagen producto de la inteligencia artificial, un montaje y  desinformación. Después vino la admisión, la imagen siempre sí era real, la persona existía y, además, ya había sido sancionada. Reacción antes que acción.

El patrón no es nuevo es repetitivo pues ocurrió, por ejemplo, con el derrame en el Golfo de México, “son unas gotas de petróleo” dando pie a una minimización inicial, después el reconocimiento posterior del problema y al final acciones aún más tardías.

Esa secuencia es la que debería preocupar, porque revela una lógica reactiva en lugar de una política sostenida de prevención y total transparencia lo que demuestra que no es un caso aislado, sino una constante en la cultura política mexicana.

Si así se responde ante un episodio menor —unas piernas asoleadas en un balcón—, vale preguntarse qué ocurre en temas que realmente impactan a la mayoría. Ahí está la lección: gobernar no sólo implica reaccionar, sino anticiparse. Y en muchos casos, la reacción llega tarde.

Un hecho así pudo evitarse desde lo más básico: entender que el espacio público no es una extensión personal del poder, sino que el edificio que alberga al Ejecutivo no pertenece a quien lo ocupa, sino a la nación.

La salida de la funcionaria tampoco resuelve el problema de fondo pues se trata de una medida administrativa que cierra el episodio hacia adentro, pero no necesariamente corrige conductas ni envía un mensaje claro hacia afuera. Se castiga el hecho, pero no se modifica la lógica.

Para reflexionar, ¿qué habría pasado si esto ocurre en un sexenio priista? Probablemente el episodio se habría amplificado como símbolo de opacidad, privilegio o frivolidad. Habría sido utilizado como prueba de desconexión entre gobierno y ciudadanía. Hoy, la reacción pública no desaparece, pero sí se matiza según el origen político.

Cuando los mecanismos institucionales pierden credibilidad, no sólo se afecta un caso, se debilita todo el discurso posterior. Y en un contexto donde se enarbola la lucha contra las “fake news”, el margen de error se reduce al mínimo.

Es precisamente en este punto donde se justifica la incredulidad de la población frente a los dichos del gobierno, el manejo de la información real es clave; reconocer el error para que la credibilidad crezca cuando se anuncian aciertos, de otro modo seguiremos dudando de versiones oficiales sobre temas delicados como capturas de narcos importantes.


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Miguel Ángel Puértolas
  • Miguel Ángel Puértolas
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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