La propuesta de concluir antes el ciclo escolar por “la ola de calor y el Mundial de Futbol” retrata con crudeza una de las principales fallas del sistema educativo mexicano: las decisiones públicas parecen responder más a coyunturas políticas y mediáticas que a una estrategia seria de formación académica. Mientras otros países amplían jornadas, fortalecen matemáticas, lectura y ciencia, en México se discute reducir días de clase en uno de los peores momentos educativos de las últimas décadas.
México arrastra rezagos estructurales que lo mantienen en la parte baja de prácticamente todos los indicadores educativos internacionales por ejemplo en la prueba PISA 2022 de la OCDE, considerada la principal referencia global para medir competencias académicas, el país se ubicó en el lugar 51 entre 81 naciones y economías evaluadas; nuestro país se ubicó entre los últimos sitios en lectura, matemáticas y ciencias.
Y es que existe una generación con enormes dificultades para competir en un mercado global cada vez más exigente para darnos una idea México obtuvo 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, todos por debajo del promedio internacional. Apenas 34 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel mínimo aceptable en matemáticas y solamente 53 por ciento logró competencias básicas de comprensión lectora.
La OCDE considera que el nivel mínimo de lectura implica identificar ideas principales, localizar información explícita y comprender textos moderadamente complejos lo que en términos prácticos significa que casi uno de cada dos adolescentes mexicanos no tiene comprensión funcional suficiente para enfrentar textos académicos, laborales o técnicos con un nivel competitivo.
En matemáticas el panorama resulta todavía más preocupante pues la evaluación mide el razonamiento lógico aplicado: interpretar problemas, traducir situaciones reales en operaciones matemáticas o resolver decisiones cotidianas mediante lógica básica y en este punto cerca de dos de cada tres estudiantes mexicanos no alcanzan ese estándar elemental.
Mientras países como Singapur, Corea del Sur, Japón o Estonia concentran más de 85% de alumnos en niveles aceptables de desempeño matemático, México permanece atrapado en un sistema incapaz de corregir desigualdades históricas y con una baja capacidad de permanencia escolar.
La deserción educativa revela otra dimensión del problema, en primaria el abandono escolar ronda apenas 0.6 por ciento, el sistema comienza a fracturarse en secundaria y colapsa en media superior, donde la deserción se ubica entre 10 y 11 por ciento. De cada 100 niños que ingresan al sistema educativo, apenas 27 logran concluir una licenciatura.
A pesar de este escenario, las prioridades públicas parecen desplazarse hacia discusiones marginales o medidas improvisadas.
Reducir clases por calor extremo podría tener sentido bajo criterios técnicos, infraestructura deficiente o protección sanitaria que no fueron justificados durante el anuncio. Pero hacerlo bajo el argumento del Mundial de futbol expone una lógica política desconectada de la crisis educativa nacional.