Política

La basura de transporte público

En todo el país sin excepción el abandono del transporte público ya no es percepción cada vez son menos los usuarios y más vehículos sobre todo de dos ruedas en circulación, con impactos directos en tiempo, gasto y calidad de vida.

Moverse en las ciudades mexicanas se volvió un desgaste cotidiano gracias a una permanente falla estructural que se profundiza pese al discurso empecinado de “movilidad sostenible” pues en la práctica el sistema empuja a la gente fuera del transporte público, ponga usted el nombre al sistema de su ciudad.

La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental y los registros de transporte urbano muestran una disminución en el uso del servicio en varias ciudades, al mismo tiempo que crece el número de vehículos registrados gracias a un servicio que nos es confiable y en donde la ciudadanía busca alternativas, aunque sean más riesgosas o informales.

En el caso de las motocicletas por ejemplo la expansión no responde a una política pública, sino a una necesidad: son más baratas, reducen tiempos de traslado y, en muchos casos, resultan más accesibles que pagar múltiples pasajes; economía y tiempos de traslado mueven a su adquisición.

La vida se nos va en el transporte, los traslados de dos horas por trayecto se han normalizado en muchas ciudades; en escenarios frecuentes, una persona invierte hasta cuatro horas al día en moverse. Al año, eso representa 1,248 horas: 52 días completos dentro del transporte público lo que equivale no sólo a reducir la productividad sino limitar la calidad de vida.

Además el peatón no es prioridad: camina en infraestructura deficiente o inexistente, la bicicleta carece de redes seguras y continuas, el transporte público no articula rutas ni modos. No hay un sistema en ningún lado, hay piezas sueltas.

Más carriles, más concreto, más espacio para autos parece ser la insistencia en una política que ya fracasó en otras ciudades y que aquí se repite sin ajuste. Ampliar vialidades no reduce el tráfico, lo multiplica.

Los proyectos que sí han tenido efectos positivos son parciales, no corrigen el problema de fondo porque no integran todo el trayecto del usuario, la movilidad real no empieza en la parada ni termina en la estación: empieza en la puerta de casa y termina en el destino final.

El resultado son ciudades cada vez más lentas, más desiguales y más caras para quien menos tiene; quien no puede comprar un vehículo es quien paga con tiempo y pierde calidad de vida, insisto. Querer resolver la movilidad ampliando avenidas es como intentar combatir la obesidad cambiando a tallas más grandes.

Con dos premisas cierro: querer resolver el problema de la movilidad con vehículos haciendo avenidas más amplias es como querer resolver la obesidad con tallas más grandes.

Pero sobre todo, el día que vea a gobernantes desplazándose en el transporte público a su oficina entonces sabré que tenemos un sistema que desincentiva el uso del auto, que realmente sirve y sobre todo que es seguro.


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Miguel Ángel Puértolas
  • Miguel Ángel Puértolas
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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