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Cortés

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Mucho de maquiavélico tuvo, aún sin estar al tanto de la obra del institutor de la Ciencia Política, el extremeño Hernán Cortés.

Un recuento de sus acciones en los territorios mesoamericanos, hace ya quinientos años y un poquito más, lo inscribe y ratifica al interior de la historiografía.

Los desempeños del conquistador fueron siempre los de una persona en la búsqueda del poder, no importando las características de los medios utilizados, para sí mismo.

Traer a cuento en este espacio a las figuras (en mismo plano), ahora que distintos actores políticos insisten en exaltar lo realizado por una de ellas, es aportación que habrá de reconocerle al arquitecto mexicano Ilan Vit Suzan (doctorado en la Universidad de Texas, Austin), autor del originalísimo libro Cortés, nuestro primer Maquiavelo Cortés. La dimensión política de Hernán Cortés.

Obra panorámica que recupera a dos personajes de la historia, entre la pluma y la acción, con “asombrosas coincidencias”, y que caminarían sus existencias justo en los años del Renacimiento.

Pero que, a diferencia de las impertinentes correcciones históricas del momento (y de otros), nos deja claro que toda narración de lo acontecido en nuestros territorios hace cinco siglos y, específicamente, de lo ejecutado por Cortés, aporta como resultado el “final trágico de una civilización”.

Una civilización “única en la historia del mundo, tan original y auténtica como brotes en Mesopotamia, Egipto, China o la India. Un mundo cuyos trazos de presencia diferida se hallan, todavía, en las ruinas del México prehispánico y, más aún, en la vitalidad de los pueblos originarios, la mayor riqueza de nuestro país”.

¿Qué Cortés se perfila desde el corpus de Maquiavelo?

Un Cortés “desperdiciado al final de la historia”, escribe Vit Suzan.

Escenario donde crueldad y dolor fueron gratuitos ya que “nunca trajeron ningún cambio sustancial para la mayoría involucrada”, algo muy diferente a la propuesta para liberar Italia contenida en El príncipe.

“Por supuesto que sería absurdo y anacrónico exigir a Cortés un proyecto político coherente, que hiciera tolerable el sufrimiento con tal de llegar a un estadio que brindara mayor beneficio al mayor número de personas. Las acciones de Cortés no podrían haber tenido la claridad de las ideas de Maquiavelo. Nunca tuvo cerca ninguno de sus libros, y menos la sabiduría que han encontrado en ellos lectores como Spinoza, Strauss o Lefort”, sostiene nuestro autor.

“Más absurdo habría sido solicitarle al invasor que tuviera un proyecto para el pueblo conquistado. Su plan —si es que alguna vez tuvo tal cosa— era mejorar las condiciones del invasor, no del invadido. A ese Cortés no se le pudo exigir tal lucidez, pero a todos los emuladores de Cortés que le han seguido, los que sí representan al pueblo que gobiernan, a ellos debemos demandarles un proyecto que mejore las condiciones existentes”.

Así avanza la lectura de Cortés, nuestro primer Maquiavelo, un largo ensayo introductorio aparte donde se enumeran las fuentes principales utilizadas en las recuperaciones del personaje, “valeroso y esforzado”, diría Bernal Díaz del Castillo.

Cinco grandes estaciones donde Cortés habrá de apuntalar su propuesta de devenir, siempre entre “la sagacidad de la zorra” y “la ferocidad del león”.

La salida de Cuba: fallidos los primeros intentos y fracturados los grupos que finalmente se lograron conformar.

La batalla de Centla: momento en el que las circunstancias permiten la aparición de un liderazgo fuerte.

La fundación de Veracruz: inicio de la desarticulación de los sistemas de dominación existentes en el territorio ocupado.

La matanza de Cholula: desproporcionado y cruel uso de la fuerza, alianzas y ninguna posibilidad de vuelta atrás.

La caída de Tenochtitlán: sitio, hambruna, secuestros, tortura, muertes.

“El final de una etapa única en la historia de la humanidad terminó abrasada por el fuego”, añade Vit Suzan.

“El proceso civilizatorio humano, que dio grandes ejemplos en el Nilo, el Éufrates, el Indo y el Yangtsé, dejó en Mesoamérica huella indeleble de su grandeza. Su historia empezó, por lo menos, tres milenios atrás en los pantanos de los Tuxtlas, la costa de Soconusco, la depresión del Grijalva y los valles centrales de Oaxaca. Su culminación fue la utópica ciudad lacustre de México-Tenochtitlán. Todo ello terminó el 13 de agosto de 1521”.

Hace 505 años.

Ilan Vit Suzan, Cortés, nuestro primer Maquiavelo, Debate, México, 2026, 322 pp.
Ilan Vit Suzan, Cortés, nuestro primer Maquiavelo, Debate, México, 2026, 322 pp.

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Mauricio Flores
  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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