Cultura

Claudia Piñeiro, ¿quién debe contar la historia?

Claudia Piñeiro, La muerte ajena, Alfaguara, México, 2026, 384 pp.
Claudia Piñeiro, La muerte ajena, Alfaguara, México, 2026, 384 pp.

De los diferentes libros que de Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) he leído hasta ahora, La muerte ajena es tal vez el que más me haya gustado.

(Entrega de casi cuatrocientas páginas y que se avanza rápido, la prosa de la autora es garantía alcanzada en un oficio prolongado, que tiene por lo menos tres grandes sobresaltos).

O debería decir el que más, presente la duda, pues tendría que dejar en segundo plano esa otra novela de hace más de una década, Un comunista en calzoncillos, donde la autora obsequia una personalísima historia utilizando el significado de la infancia para observar al padre.

Tópico recurrente en la literatura de todos los tiempos, ¡nuestro padre!, “centro de mi mundo”, le llama Piñeiro, que suele recrearse con materiales de uno y otro espacio, auténticos o engañadores, para amalgamarse en nuevas realidades, para el caso novelísticas, y lectoras.

Algún lazo habrá entre estas dos novelas, entre toda la obra de ficción de la misma Piñeiro, más allá de que cualquiera pueda ir entrelazando una con otra a partir de sus recepciones personales (algún estudio académico de la obra habrá ya en alguna de nuestras instituciones universitarias).

Permítaseme decir algo más sobre lo anterior, que La muerte ajena, en mesa de novedades de todas nuestras librerías, está dedicada “A mi padre, que supo quién yo era mucho antes de que lo fuera”.

Una novela, con algo de thriller, que es a un tiempo advertencia de los acontecimientos más dolorosos de las sociedades de nuestra América, durante los últimos cincuenta años, dejando la relación familiar a un lado.

Y lectura que nos remite, necesariamente, a esos días de hace cincuenta años en los que se instaló en Argentina el régimen dictatorial más aciago de su historia, fatalidad que llegó a otras amadas regiones.

Cuestión que queda de manifiesto en la propia trama, y que tiene que ver con “los delitos sexuales durante la dictadura, las escorts, los servicios de inteligencia, los asesinatos sin resolver”.

En La muerte ajena, una joven escort (Juliana) ¿muere?, tras caer al vacío desde un lujoso departamento de Buenos Aires, propiedad de un personaje otrora involucrado con los crímenes de la dictadura argentina de los años setenta.

Una muerte, en apariencia ajena, que en los diferentes planos narrativos irá involucrando a los personajes perfilados por Piñeiro y a la misma narración en su conjunto, especie de camino abierto a transitarse en diferentes direcciones.

Y es que “en la superficie”, sostiene Verónica Balda, el personaje que vertebra La muerte ajena, una periodista radiofónica agobiada por las ingratitudes de un oficio en manos de los peores intereses económicos y políticos, “todo es susceptible de ser tergiversado, interpretado, sacado de contexto, sesgado, desvirtuado, manipulado”.

“Los hechos”, en apariencia ajenos o, por lo menos, lejanos, “dejaron de ser lo que sucedió para convertirse en lo que nos cuentan que sucedió. O aquello que elegimos entre las muchas versiones de lo que podría ser. La ficción se multiplica hacia el infinito”.

Dividida en tres partes, tres maneras de contar un hecho, por tanto un ejemplo de las posibilidades literarias de la misma literatura, esta nueva novela de Piñeiro nos recuerda las prácticas de la sexualidad en el mundo actual y, específicamente, las de las clases dominantes.

Espacios de hipocresía y que, en el caso de la Argentina del siglo XX fueron habitados por personajes que “violaban detenidas en centros clandestinos”, para, años después, ya en democracia, “explotar a mujeres en burdeles, a las que hacían participar en tareas de inteligencia”.

¿Quién debe contar la historia?

Puede que sea esta la más inquietante pregunta que atraviesa las páginas de La muerte ajena.

Quien tenga la capacidad, memoria y emoción reunidas, de hacer lo ajeno propio, parece ser una respuesta por ahí esbozada en una de las voces de esta nueva novela de Piñeiro.

Antes de que la memoria se deteriore, eso sí.

Cuando la vida, la fragilidad que la sostiene permanezca todavía, nos regale el tiempo necesario para reparar lo roto.

Otras novelas de Claudia Piñeiro: Las viudas de los jueves, Tuya, Elena sabe, Las grietas de Jara, Betibú, Una suerte pequeña, Las maldiciones, Catedrales, El tiempo de las moscas.

Premios: Clarín de Novela, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosalía de Castro del PEN Club, Pepe Carvalho, Dashiell Hammett.


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Mauricio Flores
  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
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