• Regístrate
Estás leyendo: La conferencia de seguridad de Múnich
Comparte esta noticia
Miércoles , 24.04.2019 / 17:34 Hoy

Columna de Matías Gómez Léautaud

La conferencia de seguridad de Múnich

Matías Gómez Léautaud

Publicidad
Publicidad

Desde hace cinco décadas, la comunidad de seguridad internacional se reúne anualmente en la capital bávara para dialogar y atender las amenazas del momento. En febrero pasado, en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM), se publicó un reporte titulado: El gran rompecabezas: ¿quién recogerá las piezas?

El documento ilustra la precaria situación del sistema de orden liberal establecido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, fortalecido durante la Guerra Fría y consolidado después de la caída de la Unión Soviética. Desde hace un par de años se observan grietas cada vez más profundas en el bloque transatlántico, de las cuales emergen dos polos de poder, aún no contrapuestos, pero sí con intereses divergentes: Europa y Estados Unidos.

La paciencia europea parece estar llegando a su fin con las dudas que han aparecido sobre el sistema tradicional de alianzas. Después de varios desacuerdos en la reunión del G-7, la salida unilateral del Plan de Acción Conjunto y Completo para regular el programa nuclear de Irán y el anuncio de la retirada de tropas estadunidense de Siria, los líderes europeos parecen estar agotados.

En la versión 55 de la CSM participaron más de 450 funcionarios de alto nivel: 35 jefes de Estado, 50 ministros de Asuntos Exteriores y 30 de Defensa de todo el mundo, además de académicos y representantes del sector privado, así como organizaciones internacionales y no-gubernamentales. En ella se trataron temas como la autoafirmación de la Unión Europea (UE), la cooperación transatlántica y las posibles consecuencias de una era renovada de competencia entre grandes potencias. Adicionalmente, se discutió el futuro del control de armas, la cooperación en políticas de defensa, la intersección entre el comercio y la seguridad internacional, y los efectos del cambio climático.

Se hizo énfasis en las responsabilidades de las “potencias de segundo plano” para preservar el orden liberal internacional ante una nueva era de competencia entre Estados Unidos, China y Rusia. Sin embargo, el reporte fue poco optimista por el estado de incertidumbre que genera la posible salida de Gran Bretaña de la UE.

De acuerdo con el documento, las otras potencias medias tienen limitaciones propias. Los esfuerzos de Canadá por ser un líder multilateral activo no parecen ser suficientes para mitigar tensiones internacionales, y Japón tampoco ha podido superar resistencias internas para convertirse en un foco estabilizador de Asia.

La competencia entre Washington, Pekín y Moscú obtuvo el tercer puesto en la lista de conflictos por venir, tan solo superadas por la crisis humanitaria de Yemen y la guerra en Afganistán. Asimismo, se incluyeron las fricciones en Medio Oriente por las intervenciones de Irán en la región; el vacío engendrado en Siria por la retirada estadunidense; las crisis en Nigeria, Sudán del Sur y Camerún; la guerra en Ucrania y, por último, la situación en Venezuela.

En su último mandato, Angela Merkel apuesta claramente por el multilateralismo. Está consciente de la delicada situación en la que se encuentra Europa entre la creciente asertividad rusa, la salida de Gran Bretaña de la UE, las tendencias nacionalistas dentro del bloque y la inconsistente política exterior de EU. Muestra de la última fue la conferencia convenida por la administración de Trump en Varsovia, un día antes de la Conferencia de Múnich. En ella, el vicepresidente Pence exhortó a sus socios europeos a adoptar un esquema de sanciones contra Irán.

Claramente la situación europea es delicada pues, por un lado, los miembros de la UE concuerdan con que una alianza transatlántica es la mejor garantía de seguridad para el continente. Por otro, es probable que esta opción no exista en el futuro. En consecuencia, poco a poco surgen iniciativas para invertir y prepararse para esa posibilidad sin atentar contra las condiciones de la alianza actual.

Muestra del deterioro de la relación entre Estados Unidos y Europa fue la respuesta a los discursos de sus respectivos líderes. El vicepresidente Pence hizo una breve pausa después de externar saludos del presidente Trump y se mostró sorprendido ante la inmutada respuesta del silencioso auditorio. En cambio, cuando la canciller alemana criticó varios aspectos de la política estadunidense, recibió un aplauso ensordecedor. Por si fuera poco, la ministra de Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini y la directora del FMI, Christine Lagarde, también externaron inconformidad con las políticas estadunidenses.

Con todo, hay razones para ser optimistas. Joe Biden, ex vicepresidente de EU y posible contendiente por la presidencia en 2020, aseguró que gran parte de los estadunidenses están comprometidos con el orden liberal internacional. Además, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, recordó que Donald Trump no es el único que está a cargo de su país, y recalcó la labor del sistema de pesos y contrapesos.

No obstante lo anterior, las crisis actuales son cada vez más complejas y resolverlas sin un marco consensuado será complicado. Las potencias occidentales tardaron décadas en consolidar un régimen de normas e instituciones que se resquebrajó cuando su patrocinador principal las cuestionó. Ahora está por verse si los vestigios aguantan hasta que llegue un cambio de gobierno en el gigante norteamericano, o si para entonces habrán desaparecido piezas clave del rompecabezas.

* Internacionalista del Colegio de México

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.