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Jueves , 25.04.2019 / 15:25 Hoy

Apuntes incómodos

Supina ignorancia

Maruan Soto Antaki

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Cualquier gobernante tiene pulsiones autoritarias, está en la naturaleza del cargo. En lo frecuente de su contención se establecen las jerarquías de lo impositivo. Habitar la democracia obliga a cuidar de su herramienta más importante, la información. En ella está o se esconde la salud de un gobierno. Sin embargo, cuando es demasiado fácil adjudicarle nociones a la realidad, conviene alejarse de la definición inmediata. Más que autoritario hacia la prensa, el presidente mexicano es profundamente ignorante de cuál es su función. Tanto, que no parece darse cuenta de que en su posición no tiene derecho a ese desconocimiento.

En la misma ruta, tampoco puede decir lo que le venga en gana. El límite es la responsabilidad. Disfrazar de libertad de expresión la poca prudencia de un gobernante, es una falta de respeto a quienes son violentados por hacer periodismo. En un país con la cantidad de periodistas asesinados que tiene México, el poder máximo de la República no puede hablar con ligereza de libertad de expresión, menos sobre sí. Porque es el poder. Un gobernante, más que nadie, tiene que saber dominar sus antipatías.

Supina es un adjetivo que me gusta por su musicalidad. Lo supino de aquella ignorancia encuentra raíces en la relación entre la política y nuestros medios. Nadie podrá afirmar que su desarrollo siempre fue en beneficio de la democracia, pero quien siga, sin matices, adjudicándole a la prensa las connotaciones que llegaron a prevalecer en México, quizá no haya entendido qué leyó en un periódico durante los últimos 20 años.

Bajo la lógica del desconocimiento se exhiben las comparsas, como antes lo hicieron otros, ignorando que, al periodista al servicio de lo oficial, o se le olvidó lo que pudo saber de periodismo, o lo que pudo aprender del ejercicio de gobierno.

Al ampliarse la discusión acerca de la ética y el rigor, el periodismo dejó de ser un intermediario. Necesitó dar la explicación de por qué, el cómo, y las posibles consecuencias de las acciones. Nada de esto es relevante para una administración contenta con las frases hechas y sin profundidad que obedecen al espíritu contemporáneo de lo efímero.

La función final de la información es el ser insumo para que una sociedad debata sobre lo público. Dar titulares cada mañana no es informar. Es propagar información que intenta convertir lo dicho en hecho, sin siquiera el hecho. La falta de profundidad en la información la excluye de ser información. El conferencista de Palacio Nacional elude la responsabilidad formativa de quien informa y bajo la cual, lo falso significa una falta al mismo oficio. En cambio, el periodismo exhibe la falta de hechos en lo que se dice.

En democracia, el debate de lo público se construye de la contraposición entre los dichos oficiales, los periodísticos y el discurso popular. Hoy vemos tres monólogos que al confrontarse lo hacen bajo auspicio del espectáculo.

Creímos que para la democracia bastaba decir debate, no cuidamos su calidad. Antes que buscar construir una opinión desde el intercambio de ideas, nos conformamos con el intercambio de pasiones. Ese debate es circo, reflejo del morbo. Es la utilización del entorno donde la frivolización es reina.

@_Maruan

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