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Jueves , 25.04.2019 / 15:25 Hoy

Apuntes incómodos

El gobierno de su imagen

Maruan Soto Antaki

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Cuando importa tanto la imagen del discurso, el discurso deja de importar. Cualquier revisión profunda complementa la retórica con acciones, mientras que la mera imagen apenas necesita de lo dicho para construirse o defenderse. Podrá decir que se es honrado y resultar un corruptor de la verdad. Se atreverá a decir que no se es corrupto porque no roba, pero mentir en lo demás. Se podrá entender civil y proponer un mando militar.

El gobierno mexicano ve cómo amplifica su imagen. Se regodea entre las formas en que es percibido. No pesa lo que es, sino lo que promete y cree ser. Así han sido cada una de las administraciones de este país, pero sus alcances nunca fueron tan grandes.

Si los mexicanos fuéramos la mitad de buenos de lo que consideramos que somos, no sería complicado imaginar que nuestros problemas se reducirían en una proporción similar. La imagen que una sociedad quiere tener de sí misma es equivalente a la que cualquier gobierno promueve para generar aceptación.

El pueblo es bueno y sabio, entonces el gobierno del pueblo es tan sabio como bueno. Qué espejo podría ser más fiel a una percepción, que aquel que dice encarnar la imagen original. Un padre enaltece las virtudes individuales de poblaciones generales como si un hijo bueno hiciera baluartes a todos. Qué pueblo no quiere que le digan trabajador, honesto, recto, creativo y generoso. Solo que en el pueblo donde vive la pareja trabajadora que se rompe el lomo para alimentar a sus hijos, también se encuentra el marido golpeador que podría sentarse en la silla de un legislador con aires de sensato, o el ciudadano que rechaza a los migrantes, o el mal padre que se presume ejemplar ante sus amigos quienes jamás lo pondrán en duda. Ha vendido bien su imagen y en la euforia eso es lo único que cuenta.

La reflexión contiene en su proceso la posibilidad de exhibir fallas, juicios iniciales que se pueden derrumbar en la incomodidad. La imagen no se mide contra argumentos, no los necesita. Puede anular la idea que sea con calificarla de una fobia que también será otra imagen. Vacía. Convierte la verdad en veracidad y ésta, si acaso, pide convencerse de lo que se afirma. La administración en Palacio Nacional parece creerse sus propias mentiras, derecho nada ético que le negaron sus predecesores al heredarle el desastre.

En el amor por la imagen, surge la insistencia en restarle valor a los métodos si a través de ellos se cree llegar a un punto. Desaparece la racionalidad que arrojará defectos y engaños. El diálogo de Blancanieves muestra la ceguera para darse cuenta de que hay vías con tales riesgos que de manera natural impedirán conquistar un fin. En el espejo, se ven quienes afirman ser intelectuales sin tener obra, demócratas que utilizan sin pudor las herramientas de simulación democrática. La imagen hace defensores del medio ambiente a aquellos que promueven el carbón, y transparentes a los que no se inmutan ante la opacidad de las fuerzas armadas.

La verdad, sujeto indisociable de la realidad, se ha hecho una migaja con la que la traición busca transitar desapercibida.

El gobierno mexicano ha apostado por ilustrar la realidad con imágenes, olvidando que se desvanecerán como lo hacen todas.

@_Maruan


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