Pareciera ser que el dolor une a la humanidad. Ante la tragedia, el sumarse a una causa solidaria que desea aliviar, manifiesta la naturaleza humana, devuelve a la persona a su ser humano. El dolor hace sentir la fragilidad propia en la experiencia ajena, al compartir, con el testimonio colectivo, la solemnidad y el abismo del drama individual.
Pareciera que la fiesta de los días es rutina, y ante la sorpresa de un nuevo amanecer, el despertador no lograra avivar el asombro y las ganas de ver y saborear esto que se llama Vida.
¿Has visto las calles? Pareciera que los automóviles y autobuses son cientos de pequeños escarabajos y los humanos sus minúsculos parásitos, algunos asomados por las ventanillas.
Pareciera que los virus transmutaron en vacunas, y las enfermedades nunca fueron parte de la función de un organismo.
Pareciera que el morir por mano de otro humano tuviera explicación comprensible.
Pareciera que el AMOR es mero asunto de la poesía y los poetas. Y es ahí, en las cuentas del rosario cuando los que oran piden misericordia terrenal y gozo espiritual para todas las almas; es ahí, donde están los árboles, las flores, la risa de los niños, la amistad y el cariño, la nobleza de los animales, la armonía y el desconcierto del Arte, la bondad y la compasión del prójimo, es ahí donde está el AMOR.
Pareciera que un ángel vino a tocarme con su tacto de ternura y se marchó dejando un aroma a flores que el mismo aire embelesado aspira.
Pareciera que los cursis y melosos hacen falta para equilibrar la balanza de los males de la violencia en las sociedades.
En las manos que aplauden y en las manos que cuidan, en la mirada que acaricia y en la mirada que ausculta, en las voces de algarabía y en las voces que consuelan, en el oído del que escucha y en el oído del que no necesita palabras, en los pasos que se detienen y en los pasos que acompañan… está el amor.
Y de tanto ponerle nombre propio al amor, se pierde tanto amor. Y de tanto amar se enciende y apaga el amor como la luz que emite una luciérnaga. Resplandor vital, extenuante y motivo único del existir… el amor
Y de tanto dividir un mismo mundo en guerra y paz, pareciera que los besos necesitaran labios y los labios necesitaran besos.