¿Será posible fabricar una porción funcional de riñón para un familiar que requiere un trasplante? ¿Y qué tal producir carne para consumo humano sin necesidad de criar y sacrificar animales? ¿O “cultivar” materiales con bacterias benéficas o microalgas para generar probióticos o fertilizantes o cementos más eficientes?
Estas preguntas evocan ciencia ficción, pero muchas de estas ideas ya están ocurriendo hoy en laboratorios de universidades, start-ups y empresas alrededor del mundo.
El campo que integra estos avances se denomina biofabricación.
Biofabricar implica combinar biomateriales, células vivas y nuevas tecnologías –como la bioimpresión 3D– para crear materiales vivos y funcionales.
Su objetivo no es menor: transformar la manera en que entendemos la salud, la enfermedad y los tratamientos médicos.
La biofabricación representa un cambio de paradigma. Pasamos de tratar síntomas a imaginar –y construir– soluciones que regeneren tejidos y, eventualmente, órganos completos.
Esto abre posibilidades que hace apenas unas décadas parecían imposibles: piel para pacientes con quemaduras severas, modelos de tumores para probar tratamientos personalizados o incluso órganos diseñados a la medida de cada paciente.
El impacto de la biofabricación ya se siente en distintas industrias. En la farmacéutica, por ejemplo, permite desarrollar modelos (micotejidos) para evaluar medicamentos, reduciendo la dependencia de pruebas en animales y acelerando la innovación.
En el ámbito de la sostenibilidad abre la puerta a materiales y procesos más eficientes.
En la industria alimentaria promete alternativas que podrían redefinir cómo producimos y consumimos proteína.
Pero estos avances no ocurren en aislamiento. Llevar estas tecnologías del laboratorio a soluciones accesibles para la sociedad requiere más investigación, más colaboración y una visión global.
Detrás de cada avance existe una comunidad científica altamente especializada, donde el diálogo internacional es clave, por ello los investigadores en biofabricación se reúnen periódicamente para compartir resultados, discutir retos y definir el futuro del campo.
En este contexto, el Tecnológico de Monterrey recibirá el Congreso Internacional de Biofabricación 2026 (www.biofabrication2026.org) que marcará un hito: será la primera vez que se realice en América Latina. Además de su relevancia científica representa una oportunidad estratégica para integrar a México y a LATAM en las redes globales de investigación en biofabricación.
De la mano de investigadores líderes en Biofabricación Avanzada en Expedition Femsa, este congreso reunirá a más de 400 especialistas internacionales quienes compartirán avances en biomateriales, bioinks, tecnologías de fabricación, aplicaciones médicas y traducción tecnológica.
La biofabricación no es promesa lejana; es realidad en construcción que está redefiniendo los límites de la medicina, la ingeniería, la alimentación y la industria.
Impulsarla no sólo es una apuesta científica: es una inversión estratégica en el futuro de la salud, la sostenibilidad y la innovación en nuestra región.
Monterrey será, en 2026, uno de los epicentros de esa conversación global y el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, el espacio para conectar el talento.