Un recorrido por ciudades, platillos y citas literarias referentes a platillos hacen de este libro una delicia de palabras que te remiten a través del autor a la casa de sus padres:
El gran Paco Ignacio Taibo 1 y su madre Mari Carmen Mahojo, la gran alquimista de esa cocina con ese sazón que sólo tienen los que saben.
El niño Benito husmeaba en la cocina y si podía ayudaba, los olores, sabores, los platillos y sus nombres, las conversaciones en la cocina después en la mesa donde intelectuales de México y España eran frecuentes y quedaron grabados en su memoria.
La madre nunca escribió las recetas pero ahí está Benito para registrarlas y después al paso de los años las replicaría aunque confiesa que no son iguales que las de la “jefa” que son mejores.
En Cuchara y Memoria 1 y 2 (Planeta) Benito Taibo plasma sus recuerdos y su amor por la cocina y por sus padres que le dieron la educación sentimental que necesitaba.
La literatura juega un papel importante en este texto donde al recorrer diferentes cocinas desde la mexicana, la china, japonesa, italiana, española, francesa, turca entre otras el autor nos muestra a escritores que describen en novelas, poesía o quizá en una anécdota algún platillo o un producto.
No podía faltar referencias a la Biblia, el Quijote, Pablo Neruda, José Emilio Pacheco, Luis Buñel, La Odisea y La Ilíada, Heminway y muchos, muchos más autores que a través de su arte glorifican la gastronomía.
Sus padres les dieron la mejor educación culinaria a los niños Taibo, su primer viaje fue al centro de la Ciudad de México a probar las delicias mexicanas y españolas.
A los padres les encantaba ir a Veracruz, sí, ahí en el Café de la Parroquia probaron el café “lechero” y los huevos tirados que son revueltos con los frijoles negros integrados sin faltar el plátano macho.
No hay que olvidar los pescados, camarones y el arroz a la tumbada. Y luego Acapulco el de aquel entonces con su espectacular Bahia y su comida de mar.
Benito trata de hacer un alfabeto culinario que se entreteje con sus recuerdos de cada lugar, de platillos, de amigos y de anécdotas que son las que le ponen la sazón al libro.
A través del texto viajaremos con el autor a casi toda la República Mexicana y en cada uno de los Estados encontraremos el platillo, la ciudad y los amigos.
Oaxaca con sus tlayudas, quesillos, sus hormigas chicatanas, su mezcal. Monterrey y Saltillo con su cabrito, machitos y carne asada sin faltar las tortillas de harina.
Puebla con sus chiles rellenos y su mole poblano y así va recorriendo cada Estado y los lectores saboreándonos de esas delicias culinarias mexicanas.
También nuestro escritor se da a la tarea de hablar de productos: el ajo, la cebolla, el betabel, la chaya, las guayabas, huevos, higos, chiles, de los mercados y claro de las estrellas Michelin.
No se olvida de los grandes historiadores de la cocina mexicana como son Guadalupe Pérez San Vicente y José N. Iturriaga.
En el libro seguimos recorriendo diferentes países de Estados Unidos, Europa, Asia, Turquía, y más.
Nueva York es otra de las ciudades insigne de Paco Ignacio Taibo 1 que llevó a los hijos a probar, sí, la cocina china, la hindú, los sándwich Rubens de los Delis de judíos, los clam chowder, las langostas, y más.
Sí algo no les apetecía la palabra del padre era “prueba”.
Y no podía faltar San Francisco con su Barrio Chino y comidas que son una promesa para el paladar .
Lo que le falta al libro es un índice y una bibliografía, a parte de ese pequeño detalle el libro es una delicia.
La mesa está servida y los libros abiertos para su disfrute.