Los últimos indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) respecto al campo educativo en nuestro país revelan que se ha alcanzado la ambiciosa meta de superar en promedio el 9.º grado escolar en alumnos de 15 o más años de quienes acuden a los centros escolares; hace 40 años la meta era el 6.º.
Quizá para el año 2030 sea el nivel de la preparatoria; pero independientemente de ese alcance que es digno de mérito, existe la medición de los egresados en relación a la práctica, conocimientos y conducta como consecuencia de algunas materias de tipo social, como lo es la educación cívica y, más próxima a la responsabilidad ciudadana, la educación política.
La educación cívica se refiere a que los alumnos tengan el poder y la capacidad de crear una sociedad democrática para participar en ella, no como espectadores, participando en vencer los desafíos sociales, en las actividades cívicas y culturales portando valores, respeto, tolerancia, honestidad y, entre otras virtudes, la solidaridad. Pero ¿a quiénes promueven para ocupar cargos?
El mexicano no ha apreciado el valor de vivir en un país democrático y republicano, abierto por tanto a la participación política y el derecho a votar y ser votado. El mexicano requiere, con imaginación, ubicarse en países totalitarios en los cuales solo existe una línea de conducta y acción.
Pero en nuestro sistema educativo oficial no existe la apertura al conocimiento abierto y plural por la acción política, sino un sesgo individualista y propagandístico hacia un sistema único, uniforme y personal.
Lo anterior afecta al "deber ser" de la educación política, que es el modo en que se adquieren los conocimientos y experiencias en este ramo para una socialización profunda, porque es un instrumento privilegiado para operar la transformación social que la lleve a convertirse en una sociedad ética.
Pero ante la ausencia de suficientes evidencias que califiquen el resultado de la educación cívica, en particular la orientada hacia la política, se puede afirmar que ha fallado el sistema, la familia, los profesores y un alto porcentaje de egresados de la materia, empezando por ineficientes autoridades y la apatía por participar en las votaciones.
Y aquellos alumnos que cursaron educación cívica e incluso egresados de algunas escuelas privadas de prestigio, actuando en política han mostrado un ejemplo negativo de lo que se espera de ellos, al grado de ser merecedores de bajas calificaciones en la percepción popular. Los partidos políticos también son corresponsables del declive, ¿acaso no deberían mandar a sus mejores elementos a competir y a gobernar? ¿Son evaluados por su propio partido?
Así como para identificarse es obligatorio mostrar la credencial de elector, también debería serlo para comprobar que se ha ejercido el derecho al voto.