Sociedad

Crónica al vuelo

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Crónica al vuelo
  • Marco Sifuentes

“Al llegar a la cima del poder, superando tantísimos obstáculos, existe el peligro de quedar convencido de que se puede hacer lo que a uno le venga en gana y de que toda opinión personal sólidamente anclada en el fuero interno habrá de resultarle necesariamente aceptable a la nación, y puede por tanto imponerse a los demás”: Winston Spencer Churchill.


Día 100. Sobrevuelo aquel paraje donde, cuenta la leyenda, mi ancestro se posó sobre una penca de nopal para saborearse una fresca, trémula y jugosa víbora de cascabel, de cuya estampa, los nómadas que por aquí pasaban, hicieron su estandarte y decidieron fundar una congestionada nación, que sometía y sacrificaba a los integrantes de los pueblos vecinos, aplicándoles pesadas exacciones y negándoles la sal del lago sobre el que construyeron sus moradas, palacios y templos, para luego sufrir la misma suerte a manos de unos invasores poco más altos, peludos y nada proclives al aseo personal, dotados de pólvora, grandes cuadrúpedos y de imágenes tan proscritas por sus escrituras como las de los ídolos que les prohibían adorar a sus aguerridos y derrotados conquistados.

Bueno, pues ahí, en ese mismo valle, donde los barbones construyeron templo sobre templo y palacio sobre palacio, además de contagiar de viruela y de arrasar con las armas y con aquella a media población de nativos; ahí donde otros barbudos también llegaron en barcos para hacerles la guerra por unos cuantos pastelillos o para quitarles más de la mitad de su terruño; ahí donde se levantaron los propios hijos de los invasores para reclamar su **ius soli y emanciparse de la vieja Corona y de los que no nacieron aquí, a los que llamaron gachupines, aun cuando se tratara de sus propios padres y fundar un país llamado México, para luego durar un siglo enfrascados en disputas fratricidas, mandando incluso a traer a otro barbón de apellido Borbón, para que sentara aquí sus reales y volver al principio, aunque terminara fusilado por uno de los naturales, al que llamaban Juárez y a quien sucedió su paisano por cerca de treinta años, hasta que lo expatrió una turbamulta encabezada por otro de barba, aunque menos abundante y con apellido de tronco, quien fue abatido por la espalda por órdenes de uno de Jalisco para quedarse con su puesto.

De ahí se desencadenó tremenda andanada de traiciones y asesinatos entre unos y otros, hasta que a alguien se le ocurrió usar los colores de la bandera donde aparece mi ancestro y repartirse el poder durante casi un siglo, hasta que llegó un bigotón con nombre de zorro y luego un chaparrito de lentes, que terminó regresándole la silla a uno que actuaba como tonto pero que resultó muy vivo, especialmente, con el dinero de los demás, lo que propició la llegada de este pequeño y extraño hombrecito al que unos seguían con fervor y otros repulsaban con devoción, quien con sus dos imágenes y amparado en ellas, dejó que los vapores de una mortal peste traída de oriente se esparcieran a lo largo del territorio, dejando morir a todo un pueblo a manos de un bicho al que no alcanzo a distinguir desde acá arriba.

Argamasa

Ante la contingencia, el INE debe suspender las elecciones en Hidalgo y Coahuila.


ceo@mkf.mx


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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