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La guerra entre EU, Israel e Irán se está complicando

El conflicto bélico en Medio Oriente entre Estados Unidos, Israel e Irán muestra señales claras de complicarse más de lo previsto. Sin pretender ser experto en geopolítica, resulta evidente que ciertas decisiones, o la falta de ellas, han contribuido a prolongar un enfrentamiento que debió contenerse con mayor precisión estratégica.

Soy de los que creen que era indispensable frenar las aspiraciones nucleares de Irán. No podemos ignorar que desde 1979 el régimen islámico ha promovido acciones que desestabilizan a Occidente. Bajo esa lógica, sólo Estados Unidos contaba con la capacidad real para contener dichas ambiciones. Sin embargo, la realidad es que no se ha logrado. Las negociaciones han sido largas, desgastantes y, sobre todo, infructuosas.

Irán no parece dispuesto a ceder. Su visión ideológica lo posiciona como un actor impredecible y potencialmente peligroso para la estabilidad global. Cuando un régimen está dispuesto a sostener su proyecto incluso a costa de su propia destrucción, el margen de maniobra internacional se reduce de manera importante.

Dicho lo anterior, también es válido cuestionar la forma en la que EU ha conducido este proceso. El presidente Donald Trump, aun cuando pudiera tener razón en el fondo, parece haber subestimado la importancia del consenso con sus aliados occidentales. En esta ocasión, como en otras, ha optado por actuar prácticamente en solitario, con Israel como único respaldo claro.

Sin embargo, los intereses de Israel no necesariamente coinciden con los de EU. Esto ha quedado en evidencia en diversos episodios donde la falta de coordinación ha sido evidente. Cuando en un conflicto de esta magnitud no existe alineación total entre aliados, el riesgo de escalamiento aumenta de manera significativa.

A esto se suma un factor que Trump parece minimizar, el impacto económico. No se trata sólo de la destrucción de activos estratégicos, sino del efecto que el conflicto tiene sobre el precio del petróleo, la estabilidad de los mercados y la infraestructura energética global. El daño a instalaciones de producción y almacenamiento de petróleo y gas puede tomar años en recuperarse, mientras que la disrupción en rutas críticas como el estrecho de Ormuz genera presiones inmediatas sobre la economía mundial.

El costo económico de este conflicto ya se está manifestando y continuará creciendo en la medida en que la confrontación se prolongue. Pensar que la solución pasa sólo por un cambio de régimen en Irán es, en el mejor de los casos, simplista. Hoy no existe una alternativa clara de sustitución, y esperar que una población oprimida durante décadas se levante de manera espontánea no parece realista en el corto plazo.

Estamos ante una situación sin soluciones ideales. Es en escenarios como este donde la responsabilidad política y estratégica exigen buscar la menos mala de las alternativas. Es claro que prolongar el conflicto elevará los costos humanos y económicos. Es imperativo encontrar una salida antes de que las consecuencias sean más profundas e irreversibles.


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Manuel Somoza
  • Manuel Somoza
  • Presidente de Somoza y Asociados by GBM. Es economista de la Universidad Anáhuac y tiene una maestría en Finanzas del Tec de Monterrey.
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