Política

Lucha por la democracia

Es un proceso inacabado que exige conciencia, memoria histórica y organización social constante

Hace apenas unos días releí el prólogo que escribí en 2022 para el libro 1990 Resistencia y Dignidad, de mi querido amigo y compañero de lucha, el maestro Oscar Francisco Estrada Cervantes.

Este 21 de mayo de 2026, finalmente verá la luz pública en su presentación oficial ya impreso, en un momento histórico particularmente significativo para Hidalgo y para México.

El texto no es solamente la memoria de una rebelión popular en Epazoyucan contra un fraude electoral cometido por el viejo régimen priista en 1990. Es, sobre todo, una evidencia viva de que la democracia auténtica jamás ha sido concesión de las élites, sino conquista de los pueblos organizados.

A más de tres décadas de aquellos acontecimientos, y a casi tres años y medio del inicio del primer gobierno de la Cuarta Transformación en Hidalgo, el libro adquiere una vigencia incómoda, pero necesaria. Porque si bien hoy existen avances innegables frente a las décadas de autoritarismo, corrupción estructural y simulación democrática que dominaron al estado durante casi un siglo, también es cierto que la disputa entre el poder popular y los intereses enquistados jamás desaparece; únicamente cambia de forma, de actores y de discurso.

Las páginas de Oscar Estrada recuerdan que la lucha social nunca termina. Cambian las circunstancias históricas, pero persisten las tentaciones del poder: el cacicazgo, la manipulación mediática, la subordinación institucional y la pretensión permanente de convertir la voluntad popular en simple trámite administrativo.

Y esa reflexión trasciende a Hidalgo y a México. Hoy el mundo entero presencia cómo los grandes intereses financieros, imperiales y geopolíticos continúan interviniendo sobre los pueblos bajo nuevas modalidades de dominación. Desde las guerras impulsadas por intereses estratégicos, hasta la presión económica, tecnológica y mediática ejercida por poderes asociados al hegemonismo estadounidense y al expansionismo sionista, la disputa global continúa siendo esencialmente la misma: quién gobierna realmente y para beneficio de quién.

Por eso, la enseñanza central de 1990 Resistencia y Dignidad conserva plena vigencia: la democracia verdadera no es un estado permanente ni una meta concluida. Es un proceso inacabado que exige conciencia, memoria histórica y organización social constante.

Los pueblos que olvidan sus luchas terminan administrando sus derrotas. Los que conservan memoria, dignidad y conciencia colectiva mantienen viva la posibilidad de transformar su historia. Y Epazoyucan, en 1990, dejó precisamente esa lección para Hidalgo y para México.


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Manuel Aranda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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