Cultura

Cuando escribir deja de ser aburrido

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Ya estamos en la tercera semana del semestre en TECMILENIO y, aunque pareciera que apenas ayer estábamos conociéndonos, algo empieza a suceder en el aula: las palabras comienzan a tomar forma.

Este semestre tengo la oportunidad de impartir Lengua y Comunicación I, una materia que durante mucho tiempo cargó con una etiqueta poco afortunada: aburrida, teórica, repetitiva y, para muchos estudiantes, incluso obsoleta. ¿Quién quiere pasar horas aprendiendo reglas gramaticales cuando puede estar creando, compartiendo y navegando en un mundo digital?

La respuesta que he encontrado en estas primeras semanas es sencilla: sí quieren aprender a escribir, siempre y cuando encuentren una razón para hacerlo. Estos días hemos trabajado en mejorar nuestra redacción, pero también hemos comenzado a construir algo mucho más interesante: Un fanzine y una aproximación a la escritura creativa de esta generación.

Y ahí está la magia. Cuando un estudiante descubre que escribir no significa únicamente llenar una hoja de palabras, sino contar quién es, qué piensa, qué imagina o qué quiere provocar en los demás, la materia cambia por completo.

Mis alumnos son nativos cien por ciento digitales. Piensan, crean y se comunican de maneras distintas a las generaciones anteriores. En TECMI apostamos por una educación positiva, y eso también significa entender que aprender puede ser divertido. La empatía y la asertividad no significan bajar las expectativas; significan acompañar al estudiante para que pueda alcanzarlas.

María Soto, en su libro Educa Bonito, plantea precisamente una educación basada en el equilibrio entre firmeza y cariño, una perspectiva que busca potenciar las capacidades de los alumnos desde el respeto mutuo. Y quizá eso es lo que estamos haciendo en Lengua y Comunicación: cambiar la experiencia antes que cambiar el contenido.

Porque la gramática sigue siendo importante. La ortografía también. Saber escribir con claridad será siempre una herramienta poderosa. Pero cuando conseguimos que un joven encuentre su propia voz, se divierta mientras escribe y descubra que sus ideas merecen ser escuchadas, entonces dejamos de enseñar solamente una materia.

Apenas llevamos tres semanas. Todavía falta mucho por escribir, corregir, imaginar y crear. Pero algo ya comenzó: una generación que quizá llegó pensando que escribir era aburrido empieza a descubrir que las palabras también pueden ser un espacio para divertirse, crear y transformar.

Pero cuando conseguimos que un joven encuentre su propia voz, se divierta mientras escribe y descubra que sus ideas merecen ser escuchadas, entonces dejamos de enseñar solamente una materia. Y eso, para cualquier profesor, es una de las mejores historias que puede comenzar un semestre.


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Magda Bárcenas Castro
  • Magda Bárcenas Castro
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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