Hay amistades que nacen en los lugares más inesperados. Algunas surgen en medio del bullicio cotidiano y otras, como las más memorables, entre libros abiertos, conversaciones interminables y la pasión compartida por las letras.
Este año tuve la fortuna de conocer a la escritora Magaly Monserrat gracias a las clases de Literatura que ambas impartimos. Lo que comenzó como encuentros académicos terminó convirtiéndose, poco a poco, en una amistad construida desde el respeto, la admiración, la creatividad, el talento y esa necesidad de hablar del arte como quien habla de la vida misma.
Entre desayunos apresurados, reflexiones sobre autores, recomendaciones literarias y charlas culturales que parecían no terminar nunca, fui descubriendo a una mujer apasionada por la escritura, sensible a las historias humanas y profundamente comprometida con la cultura. Hablar con Magaly significó encontrar a una persona construida desde el poder de las palabras y el amor por las historias.
Fue precisamente en una de esas conversaciones cuando me habló con emoción de los ensayos de una obra teatral en la que participaba y que llevaba por título Caducadas. Confieso que el nombre despertó de inmediato mi curiosidad. Más tarde descubriría que detrás de ese título existía una propuesta cargada de humor, ironía y una mirada profundamente humana hacia las mujeres y sus emociones.
La obra, escrita por Dunia Sierra, reunió también el talento de Diana Paniagua, Rosy Quevedo y Giovanna Álvarez, quienes dieron vida a cinco mujeres -cada una con una historia que resonó con el público- bajo la dirección del experimentado Ricardo Zárate y Ana Citlalli Zárate, Productora Ejecutiva, reconocidos en la región por su talento y amor por la cultura y las artes.
La puesta en escena se presentó hace algunos días en el Teatro El Farol del IRBA en dos funciones que lograron agotarse gracias a la gran respuesta del público. Pero más allá del escenario y los reflectores, Caducadas tocó un tema con el que muchas personas lograron sentirse identificadas.
La obra habla de los distintos sentimientos que atraviesan las mujeres a cierta edad; de las inseguridades, las pérdidas, los sueños aplazados y las experiencias que las hacen sentir, en tono sarcástico y divertido, “caducadas”.
Sin embargo, entre risas y diálogos inteligentes, también dejó claro que ninguna mujer pierde valor por el paso del tiempo ni por las heridas acumuladas en el camino. Ahí radica precisamente la fuerza de esta puesta en escena: en lograr que el público reflexionara mientras se divertía.
Uno de los momentos más especiales fue ver el debut como actriz de la escritora Magaly Monserrat, demostrando que el arte no tiene límites cuando se trabaja con pasión y entrega.
El éxito de "Caducadas ” fue tal, que durante el mes de junio se abrirá una nueva función para todas las personas que no alcanzaron lugar en las presentaciones anteriores. Sin duda, esta obra logró conectar con el público desde la sensibilidad, el humor y la honestidad de sus personajes.
Hoy más que nunca necesitamos apoyar la cultura y las artes de nuestra región. Cada libro leído, cada obra presenciada y cada aplauso ofrecido representan una manera de mantener vivos los espacios donde las historias siguen encontrando voz. Porque cuando apoyamos a nuestros artistas, también fortalecemos nuestra identidad, nuestra sensibilidad y nuestra memoria colectiva.