Al tratar de explicar la violencia, generalmente las opiniones se dividen: unos opinan que es natural que las personas se agredan, porque existe un impulso violento en todo ser humano; otros, afirman que una sociedad y una cultura violentas llevan a las personas a agredirse.
Estas posturas opuestas tienen en común que son deterministas.
En el primer caso el determinismo es biológico y en el otro cultural: las personas somos violentas porque nacimos para serlo o porque fuimos "criadas" (o socializadas) para serlo.
Considerar que la violencia es natural o cultural, permite "justificar" nuestros actos agresivos.
Si ser violentos "está en nuestra naturaleza", ¿quién puede acusarnos de serlo? Del mismo modo, si vivimos en un estado de violencia constante, ¿cómo escapar a ella? utilizar estos mecanismos de justificación, es aceptar la violencia como inevitable.
Pero nada puede justificar la violencia y "absolvernos" de responsabilidad. Independientemente de cuál sea su origen, biológico o social, la violencia es algo que podemos evitar.
Suponiendo que la agresión sea un impulso natural en el ser humano, como la conducta alimentaria, o sexual, estos impulsos biológicos como el hambre o el sexo pueden ser refrenados y canalizados.
Las personas tenemos el poder de controlar nuestros impulsos.
De hecho, éste es uno de los rasgos que nos separa del resto de los animales.
Si, por el contrario, pensamos que la violencia tiene una raíz cultural, que somos violentos porque históricamente la sociedad lo ha sido, también deberíamos replantear esta justificación.
Definimos una conducta como "cultural" porque vemos que es "costumbre" en cierta comunidad.
Por ejemplo, ante dos pueblos que están en guerra desde hace siglos, decimos que la violencia es parte de su cultura, que "siempre se han matado y continuarán haciéndolo", que las nuevas generaciones nacen y se crían en ese mutuo odio.
Pero las personas tenemos el poder de cambiar un hábito, sea individual o colectivo. Por tanto, podemos dejar de ser violentas "culturalmente".
Entre la naturaleza y la cultura está la persona, cada uno de nosotros, con innumerables herramientas que nos permiten superar cualquier determinismo: razón, conciencia, libre albedrío, imaginación, emociones, educación, ideales...
Cada una de estas herramientas nos da poder para decidir.
Natural y culturalmente, las personas tenemos el mismo potencial de ser violentas, como pacíficas.
No estamos más determinadas a pelear y destruirnos, que a colaborar, establecer acuerdos y vivir en paz.
Así como somos capaces de generar crueles guerras y dañar seriamente a otras personas, somos capaces de resolver nuestras diferencias por otros medios.
La decisión está en cada uno de nosotros... y la responsabilidad también.
Especialmente habrá que decir NO A LA VIOLENCIA en la familia, con la pareja con los hijos. Ni violencia verbal y mucho menos violencia física.