El optimismo es un recurso, con base en la realidad, en cuanto a percibir lo que generalmente no se percibe en primera instancia.
Estamos más acostumbrados a buscar el error, nos interesa y nos “llama” mas lo negativo, el culpable…
Pero cuando existen situaciones positivas no ponemos el énfasis que la misma realidad demanda.
El optimismo es una disposición de personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación de los mismos. Es la tendencia a esperar resultados favorables.
El optimismo nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias.
La principal y obvia diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte – el pesimismo – radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo.
El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades.
En general, las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosos e, incluso, a tener mejor estado de salud física.
Aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza (ambos tienen que ver con la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia en la propia capacidad de alcanzar metas) tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes.
El concepto de personalidad resiliente o resistente aparece en la literatura científica, con la idea de protección frente a estresores, a través del estudio de aquellas personas que ante hechos vitales negativos parecían tener características de personalidad que les protegían.
Las personas resistentes tienen un sentido del compromiso, una sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia.
La resiliencia innata, la actitud positiva y la construcción de una personalidad resistente son los factores que marcan la diferencia entre sucumbir ante los hechos de la vida y las crisis recurrentes o enfrentarlos con renovada fuerza y vigor para los retos presentes y futuros.
El peligro social de nuestro tiempo es evitar retos a nuestros niños y jóvenes, darles todo, sin enfrentarlos a adversidades y no ayudarles a generar compromisos que les fortalezcan.
Algo podemos hacer que no hacemos y algo podemos hacer mejor al interior de nuestras familias y nuestras aulas.