Ciencia y Salud

Sobre el proyecto de vida

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  • Sobre el proyecto de vida
  • Luis Rey Delgado García

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Para que la vida tenga sentido y merezca la pena ser vivida, es preciso esforzarse por ir eliminando en nosotros los detalles de contradicción o de incoherencia que vayamos detectando, esos obstáculos que nos descaminan del itinerario que nos hemos trazado. 

Porque si nos falta coherencia, o si con demasiada frecuencia nos proponemos una cosa y luego hacemos otra, es fácil que estén fallando las pautas que conducen nuestra vida.

Es verdad que nadie logra todo lo que se propone, y que a veces la vida parece tan agitada que no nos da tiempo a pensar qué queremos realmente, o por qué lo queremos, o cómo podemos conseguirlo. 

Hay que pararse a pensar, sin achacar a la complejidad de la vida, como si fuéramos sus víctimas impotentes

La trampa del exceso de actividad, del dejarse absorber por el ajetreo y el torbellino de la vida. 

Es –como apunta Stephen Covey– el afán de trabajar cada vez más, para trepar más rápido por la escalera del éxito, para descubrir al final que la escalera estaba apoyada en una pared equivocada. 

Si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada peldaño que subimos es un paso más hacia un lugar equivocado.

La vida precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento. La vida no puede limitarse a una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido. 

La persona necesita saber para qué vive. Ha de procurar conocerse cada vez mejor y así encontrar sentido a su vida, proponerse proyectos y metas a las que se siente llamada y que llenarán de contenido su existencia.

Un plan de vida personal es mucho más que una lista de metas o un calendario de pendientes; funciona como la brújula interna que le da sentido a nuestras decisiones cotidianas y alinea esfuerzos con lo que de verdad te importa. 

Pararse a reflexionar sobre el rumbo que llevamos permite transitar del piloto automático a un diseño consciente del propio futuro.

El sentido, la misión y la vocación son los tres pilares fundamentales que definen el propósito de una persona. 

Aunque suelen usarse como sinónimos, representan distintas dimensiones de nuestro desarrollo personal y espiritual:

Vocación ¿Quién soy y qué me impulsa? Es el llamado interior conectado con tus dones, pasiones y lo que te da satisfacción personal. Misión ¿Qué hago y cómo lo pongo en práctica? 

Es la acción concreta; la manera en que usas tu vocación para generar un impacto en el mundo o ayudar a otros. 

Sentido ¿Para qué existo? Es el resultado final de conectar ambas; la certeza de que tu vida trasciende y tiene una dirección clara.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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