Ciencia y Salud

Pedir ayuda

  • Para Reflexionar
  • Pedir ayuda
  • Luis Rey Delgado García

Cuando el niño en su afán de agradar a sus padres y al mismo tiempo de demostrar su propia valía grita “yo puedo solo” y alcanza a desarrollar alguna habilidad, dicho esfuerzo es reforzado por sus padres y por la sociedad misma. “yo puedo solo” se vuelve entonces en una especie de grabación interna, en un mandato interior que significa también “no necesito ayuda, yo puedo solo”

Y es que, todos nosotros, en las primeras etapas de la vida nos vemos involucrados en una lucha interior, entre los 2 y los 3 años buscamos el autocontrol de nuestros impulsos, pero también aparece la vergüenza y la duda”.

Más adelante entre los 3 y los 5 años la lucha interna es entre la iniciativa y la culpa, es decir la intencionalidad propia y las equivocaciones que frente a los demás nos estigmatizan como “no pudiste solo, te equivocaste” y entonces nuestra vida transcurre queriendo demostrar que si podemos y que podemos hacerlo solos.

Este proceso de aprendizaje tiene elementos muy valiosos para el desarrollo de nuestras habilidades y destrezas, 

Pero subyacente a él también aprendemos un “debes” que nos puede limitar, “Debes hacerlo solo y sin ayuda”

Con el paso del tiempo esta grabación se afianza en nuestra actitud y resulta que queremos ser personas esforzadas que no necesitamos ayuda de nadie. 

Si andamos perdidos en las calles y no localizamos una calle y un número, no solicitamos información pues “puedo encontrar la dirección yo solo”, si vamos al supermercado no pedimos ayuda para saber donde se encuentra algún producto, por el mandato interno de “yo puedo solo”.

Pero lo relevante es que cuando se trata de asuntos de mayor peso o envergadura tampoco lo hacemos, cuando tenemos problemas emocionales, cuando necesitamos mejorar nuestra relación de pareja y educar mejor a nuestros hijos creemos que solos lo podemos hacer y esto muchas veces no es posible. 

El ejemplo clásico es el del alcohólico, que, lleno de angustia y depresión piensa que puede dejar de beber él solo.

La cultura machista es un claro ejemplo: proyecta una imagen de debilidad sobre todo aquel que no puede hacerlo solo. Así, las personas terminan creyendo que no necesitan ayuda.

La mujer, en este sentido es más humilde, solicita la ayuda con mayor facilidad y es capaz de darse cuenta con mayor claridad de sus límites y del apoyo que necesita.

Se vale pues, pedir ayuda…

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.