Ciencia y Salud

Orgullo y humildad

  • Para Reflexionar
  • Orgullo y humildad
  • Luis Rey Delgado García

Aunque a menudo utilicemos la palabra "orgullo" para indicar el placer –o la satisfacción– que nos produce algo o alguien (por ejemplo, nos enorgullecen los casi 120 años de nuestra ciudad, o el buen comportamiento de nuestros hijos), 

También designa una de las actitudes destructivas que una persona pueda adoptar... Una persona orgullosa es esencialmente competitiva y busca, casi siempre, colocarse por encima de los demás. 

Lo que le causa placer a una persona orgullosa no es tener algo, sino tener más que aquellos que le rodean...

En la vida cotidiana, la persona orgullosa no se preocupa por que sus ingresos guarden relación con sus necesidades... sino porque sean mayores que los de alguien (cualquier persona que haya elegido como "patrón de medida"). 

Está siempre comparando su apariencia; sus ingresos; su pelo; su ropa; su físico; etc.… con ese patrón. 

Así mismo la persona orgullosa basa su autoestima en el número y prestigio de los amigos que cree tener, o en la cantidad de elogios que recibe de los demás. 

La persona orgullosa no valora tanto lo que la gente sabe, sino el status que ha alcanzado. 

De tal modo que, el orgulloso no encuentra sentido en dar, sino en "dar más que otros"... y cobrar notoriedad por ello.

El orgullo es un parásito emocional. En la persona orgullosa no hay alegría, satisfacción ni paz, porque siempre existe la posibilidad de que alguna otra persona sea más atractiva; tenga más dinero; más amigos; una casa más grande, o un auto más nuevo. 

El orgullo es pernicioso porque "estropea" significados y fines. "El orgullo es un cáncer espiritual: devora la posibilidad misma del amor, de la satisfacción, e incluso del sentido común". (C. S. Lewis)

Pero, así como existe el orgullo de los que ocupan posiciones elevadas y miran hacia abajo, también está el orgullo de los que ocupan posiciones inferiores y miran hacia arriba que se manifiesta de muchos modos: por ejemplo, a través de la crítica mezquina, el chismorreo, la maledicencia, la actitud quejosa, el hecho de vivir por encima de los propios medios, la envidia, la codicia, la renuencia a expresar agradecimiento, la incapacidad de perdonar y los celos.

El orgullo es la esencia de la "mentalidad de escasez" y el egoísmo que genera es devastador para la paz. Que terrible es cuando el grito de la competencia prevalece sobre el murmullo de la conciencia. 

El orgullo es un peligro que enfrentamos en nuestro esfuerzo por llegar a ser "personas efectivas". 

El antídoto es la humildad que nos permite darnos cuenta de que no somos una "isla" y que –la calidad de nuestra vida– está indisolublemente unida a la calidad de vida de los demás. 

Cuando cambiamos la disposición y actitud del orgullo por la de la humildad, no nos regimos por patrones de medida externos y desarrollamos una paz interior. 

Bajo el paradigma de la humildad, comprendemos que lo importante (lo que realmente tiene sentido) no es consumir y competir...sino contribuir y compartir.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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