En pleno centro de 1986 y del Mundial México 86 nos llegó la noticia de que Borges había muerto el 14 de junio. Una semana después se enfrentaron en cuartos de final Inglaterra y Argentina en un contexto donde los hooligans ingleses y los barras bravas argentinos escenificarían por medios propios la Guerra de las Malvinas en las afueras y sobre las tribunas del Estadio Azteca. Recuerdo a los argentinos despedazando banderas inglesas; entre los hooligans había mantas con leyendas como “Exocet Lineker”. Gary Lineker era el goleador del equipo inglés y el Exocet era el bombardero más temible en aquella guerra. Ahí recordé también la frase de Borges: “El futbol es una frivolidad peligrosa porque engendra nacionalismo”. Curioso que un año antes dio a la luz su último libro Los conjurados y en el poema “Juan López y John Ward” se leía: “Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel”.
Me gusta que el por excelencia velardeano mes de junio (Ramón López Velarde, junio 15, 1888-junio 21, 1921) sea también borgeseano. Y veo que el nacionalismo ideal para Borges era velardeano. Se sabía de memoria “La suave Patria” y la cita aquí y allá en su obra. Otro que gustaba de López Velarde (y se sabía también de memoria y por ejemplo “El retorno maléfico”) fue su amigo Adolfo Bioy Casares.
Borges y Bioy tuvieron una sección titulada “Museo” en algunas revistas. Incluían citas y breves piezas de todo tipo. En una pieza de “Museo” le dejaron clara, inconfundible, interminablemente su sitio a un solo verso de Ramón López Velarde en “La suave Patria”:
Inaccesible al deshonor, floreces.
De nuevo:
Inaccesible al deshonor, floreces.
Y de nuevo:
Inaccesible al deshonor, floreces.
Y siempre de nuevo. Más de cien años después de publicado este verso vuelvo a repetírmelo con más urgencia: un deseo, un conjuro contra los males y los malos. Un dique. Un amuleto, Patria suave.