En la novela El primer hombre de Albert Camus se cuenta esto de Jacques Cormery, alter ego del escritor, y su vida en Argelia dentro de una familia muy pobre: “En el patio de juegos era el rey del futbol. Pero ese reino le estaba vedado. Porque el patio era de cemento y las suelas se gastaban con tanta rapidez que la abuela le había prohibido jugar al futbol durante los recreos. Ella misma compraba para su nieto unos sólidos y pesados zapatos que esperaba inmortales”.
Para no gastar suela Camus escogía la posición de portero. Fue la que tuvo más tarde en un equipo del club RUA (Racing Universitaire d’Alger). Escribió un artículo sobre eso y se supone que de ahí vendría la frase: “Lo que con más seguridad sé a la larga sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al futbol”.
No era así. Alguien metió “futbol”. El original iba, literalmente: “Se lo debo al deporte, es en el RUA donde lo aprendí”. O sea, en el deportivo y no en un equipo nombrado RUA.
Curioso que años más tarde para Zinedine Zidane, un bipaisano argelino y francés de Camus —y alguien con restricciones digamos menos “suelarias”—, el futbol fuera un arte aprendido en el cemento de Marsella. Pelé y Maradona aprendieron en el llano (o “el potrero”); Cristiano Ronaldo y Messi en mimadas esmeraldas de pasto. Johan Cruyff y Zinedine Zidane fueron los últimos artistas dorados a fuego de calle, banqueta, plaza y patio.
Más curioso lo que sigue. Otro bipaisano hijo de Zidane, Luca Zidane, nos salió portero y paró en el Argelia-0 contra Argentina-3 del Mundial 2026.
Camus sí dijo esto sobre su posición en la cancha: “Pronto aprendí que el balón nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me sirvió mucho en la vida”.
En el segundo gol argentino Luca Zidane sí vio venir el balón por donde lo esperaba: iba al centro luego del tiro de McAllister y lo rebotó a un lado. Su problema es que el balón salió hacia Messi. Y Messi sí vino, porque suele venir, por donde Luca menos lo esperaba.