En su cuento “La secta del Fénix” (1952) Borges menciona así a Shakespeare en relación con William Hazlitt: “El infinito Shakespeare de Hazlitt se parece a todos los hombres del mundo”.
En su ensayo previo “De alguien a nadie” (1950), Borges puso la cita directa de Hazlitt: “Shakespeare se parecía a todos los hombres, salvo en lo de parecerse a todos los hombres. Íntimamente no era nada, pero era todo lo que son los demás, o lo que pueden ser”.
Borges tradujo como “íntimamente no era nada” lo que en el original de Hazlitt dice: “He was nothing in himself”: no era nada en sí mismo.
Borges retomó el “nothing” para titular “Everything and nothing”, poema en prosa de 600 fortuitas pero exactas palabras.
Empieza con una frase inmejorable, mejor dicho: mejoradora tanto del “He was nothing in himself” de Hazlitt como del “Íntimamente no era nada” del mismo Borges: “Nadie hubo en él”.
“Nadie hubo en él” comienza genialmente lo que termina de modo más genial aún: “La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios, y le dijo: ‘Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo’. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: ‘Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tú, que como yo eres muchos y nadie’”.
Este final de sorpresa en el que Dios le dice a Shakespeare “yo tampoco soy” y habla de formas y sueños es aún más sorpresivo con sólo regresar a “De alguien a nadie” de Borges y detenerse en cómo acaba: “Schopenhauer ha escrito que la historia es un interminable y perplejo sueño de las generaciones humanas; en el sueño hay formas que se repiten, quizá no hay otra cosa que formas; una de ellas es el proceso que denuncia esta página”.
En términos futbolísticos: Hazlitt manda el largo y fino pase desde un extremo y con nueva sorpresa vemos que desde el otro extremo Schopenhauer ya avanza hacia el balón, cierra la pinza y tira al arco. Gran jugada pero el golazo es de quien lo ideó todo: Borges.