Leo (MILENIO, 3/4/26) que hay un fenómeno conocido como demonstration effect, un “efecto de inspiración” por el que el Mundial de futbol en México podrá impulsar hasta en un 15 por ciento el negocio de acondicionamiento físico. Veo en internet que hay varios ejemplos de demonstration effects: en el turismo, en los hábitos de consumo, en la economía, en la adopción de políticas públicas. Del deporte dice: “Luego del éxito de atletas de élite con alto perfil (como un nadador o un jugador de futbol) la juventud local se siente inspirada para la práctica de ese deporte, lo cual lleva a un aumento de participación en la comunidad”.
Traigo a esta nota la memoria de Antonio Deltoro (1947-2023) y su libro Los días descalzos (Vuelta, 1992). Su poema “Futbol” tiene estos versos: “Contra el hacer, contra la dictadura de la mano,/ yo canto al pie emancipado por el balón y el césped,/ al pie que se despierta de su servil letargo,/ a la pierna artesana que vestida de gala va de fiesta”. El poema termina: “Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras llegaron al llano e inventaron el futbol”.
Su poema “Balón” dice: “Más que la pelota/ que parte de la mano/ me maravilla el balón/ que sale del suelo disparado./ Todos lo vimos atravesar/ el ángulo preciso y cruzar el espacio./ Nunca ni el globo, ni el avión,/ ni el pájaro o la flecha/ partirán tan llenos de milagro./ Todavía lo siento en el pie:/ ya está entre esas redes/ creadas por dos piedras”.
¿Demonstration effects? Sea, pues. Deltoro tendría un nombre mejor como el que titula otro claro poema suyo, “Contagios”: “Si nos visitaba el Botafogo salían a la calle los balones,/ durante la Serie Mundial proliferaban las manoplas,/ el suelo de tierra propiciaba las canicas,/ el viento los papalotes,/ el atardecer las escondidillas./ Siempre a la caza de un juego,/ unas veces nos encontrábamos una liebre, otras un oso./ Danzábamos en multitudes con los juegos de moda/ como los niños del cuento con el flautista de Hamelin”.