Por algún motivo fui a En la red de cristal. Edición y estudio de Muerte sin fin de José Gorostiza, un libro memorable por su ejecución y porque “cristalizarlo” le llevó más de 40 años a su autor Arturo Cantú.
Volví a encontrarme el verso de Gorostiza “…y mil y un encantadores gorgoritos”. Pensé como siempre que eran gorgoritos-gorgoritos; sin embargo en su explicación del verso Cantú se refiere a “un sin fin de gorjeos encantadores”. En efecto, el diccionario Moliner dice sobre gorjear: “Cantar los pájaros haciendo gorgoritos”. De gorgorito: “Sonido que se emite al cantar o al reír y, a veces, también al hablar, subiendo y bajando la voz en tono siempre agudo y con cambios rápidos; como hacen algunos pájaros al cantar”. Si vamos a górgoro, dice: “1. Burbuja”. Y si vamos a gorgorita tenemos “burbuja pequeña”. Pero luego de “Burbuja” Moliner pone entre paréntesis “(Mej.)”, es decir, de uso mexicano. Creo que estos son los gorgoritos de Gorostiza y que él no quería dar gorjeo por gorgorito: más adelante en Muerte sin fin aparece literalmente “gorjeo”; Cantú lo revela como “el agudo gorjeo de un ave [que busca dónde dormir]”.
Según yo un gorjeo es un gorjeo y en cambio un gorgorito es un gorjeo con agüita o burbujita. Me atrevo a decir que así lo quiso Gorostiza puesto que en el verso previo del poema habla de “mares plácidos de cobre”: de lo mayor a lo menor en materias líquidas, de mares a gorgoritos. Gorgoritos como en lo que cantaba Óscar Chávez: “Qué bonitos gorgoritos/ los que hacen una botella; /pero más bonitos son /los tragos que doy en ella”. O como en el verso de Othón: “el limpio manantial gorgoritea”.
Hace años podía comprársele a algún vendedor callejero una ocarina de plástico que simulaba un pajarito; se le echaba agua y al soplar el vacío creado producía música líquida, burbujitas sonantes: gorgoritos. Y al fin me sorprende cómo las cuatro sílabas de la palabra gorgoritos gorgoritean (¿o gorgosticean?) en las cuatro sílabas de la palabra Gorostiza.
Luis Miguel Aguilar