Política

Cuando la inteligencia artificial se sale del guión

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

¿Qué ocurre cuando utilizamos una tecnología para algo distinto de aquello para lo que fue diseñada? La pregunta implica la historia del arte, de los medios y de los movimientos sociales. Hoy también permite discutir la inteligencia artificial desde un lugar que suele quedar fuera de sus manuales: la posibilidad de intervenir sus usos, cuestionar sus promesas y construir otros sentidos.

En el marco de la exposición sobre inteligencia artificial que acompaña los 40 años del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, en el museo UNAM Hoy, compartí algunas reflexiones bajo el título “Cuando la IA se sale del guión”. Llevar esta discusión a un museo permite descentralizar el debate hacia un espacio donde la curiosidad, la experiencia y las preguntas del público también producen conocimiento.

La presentación coincidió con el desfile de alebrijes. El calor de la gente y esas otras cosmovisiones que desbordan las formas conocidas ofrecían otra entrada a la conversación. En esta temporada que se aproxima al Día de Muertos, la ciudad recuerda que imaginar tiene una historia colectiva: hay manos, oficios, otras cosmotecnias, memorias y expresiones identitarias detrás de las imágenes.

Paradójicamente, el guión dominante resulta conocido: la inteligencia artificial transformará todo y debemos aprender a utilizarla cuanto antes. Las empresas y los señores tecnofeudales ofrecen soluciones; las instituciones buscan incorporarlas; las personas sentimos la presión de actualizarnos. En esa carrera, pocas veces nos detenemos a preguntar quién escribió el guión y qué papel se nos asignó.

¿Usuarios? ¿Consumidores? ¿Proveedores de datos? ¿Cognitarios: trabajadores del conocimiento disponibles para hacer más en menos tiempo? Desde las ciencias sociales, el concepto de apropiación permite examinar estas relaciones.

Acceder a una herramienta y saber manejarla son dimensiones relevantes, pero su incorporación a la vida cotidiana depende de condiciones materiales, conocimientos, afectos y necesidades. Una misma aplicación adquiere sentidos distintos en una universidad, una comunidad o un espacio de creación artística.

Por eso, “enseñar” inteligencia artificial exige más que compartir instrucciones eficientes.

También implica discutir qué problemas merece la pena atender con ella, cuáles son sus límites y quién puede decidir sobre su utilización. Incluso requiere conservar la posibilidad de rechazarla cuando su incorporación perjudica una práctica o vulnera a quienes participan en ella.

La apropiación crítica deviene cuando esas preguntas acompañan el uso. ¿De dónde provienen los datos? ¿Qué trabajo sostiene la plataforma? ¿Qué visiones del mundo aparecen como respuestas universales? ¿Qué pasa con nuestros saberes cuando los introducimos en una infraestructura que no controlamos?

Estas preguntas tienen consecuencias concretas. Si una universidad adopta un sistema que desconoce las condiciones de sus estudiantes, puede profundizar desigualdades mientras anuncia innovación. Si delegamos la escritura, la evaluación o la investigación sin discutir sus criterios, también cedemos parte de nuestra capacidad para determinar qué cuenta como conocimiento.

Desde ahí propongo transitar hacia una apropiación disruptiva de la IA: prácticas que desborden los usos previstos de las herramientas y permitan disputar sus fines en múltiples sentidos políticos. El término necesita cuidado. La industria ha convertido la “disrupción” en una promesa comercial casi automática. Aquí interesa otra cuestión: qué capacidad tenemos para modificar las relaciones que se organizan alrededor de una tecnología.

El arte ofrece un terreno fértil para explorar esa posibilidad. Una obra puede volver visible un sesgo, interrumpir la apariencia de neutralidad de una respuesta o hacer perceptible el trabajo humano que una interfaz oculta. También puede abrir preguntas que la exigencia de productividad suele clausurar.

Un ejemplo que recuperé en la presentación fue ImageNet Roulette, de Kate Crawford y Trevor Paglen. El proyecto permitió experimentar con un clasificador entrenado con categorías de personas de ImageNet y puso en evidencia etiquetas ofensivas y prejuicios incorporados en sus datos. En su investigación Excavating AI, ambos muestran que clasificar imágenes implica decisiones sociales y políticas. La pregunta por lo que una máquina “ve” conduce, entonces, a otra: ¿quién tiene el poder de nombrarnos? La exposición del CEIICH acerca esta discusión al contexto mexicano mediante una propuesta que vale la pena descubrir durante la visita.

Pero reescribir el guión no es suficiente. Necesitamos pensar en soberanía digital: construir infraestructuras propias importa, al igual que discutir quién las gobierna, cómo participa la comunidad y qué mecanismos permiten cuestionar sus decisiones.

Podemos comenzar a prefigurar otras relaciones mediante decisiones situadas: acordar colectivamente cómo se utiliza la IA, cuidar los datos de una comunidad, reconocer los saberes involucrados y sostener espacios donde las personas puedan intervenir las reglas.

Retomando la idea de deserción de Franco “Bifo” Berardi, podemos pensar en pequeñas decisiones de retirada frente a la exigencia de estar siempre disponibles: microdesertar.

Una comunidad también ejerce capacidad de decisión cuando establece qué experiencias, vínculos o conocimientos desea mantener fuera de la automatización.

Una universidad pública y un museo tienen mucho que aportar a esa tarea. Pueden hacer de la inteligencia artificial un objeto de deliberación, además de una experiencia compartida.

Pueden reunir a quienes diseñan, usan, estudian o padecen estas tecnologías y reconocer que sus preguntas también cuentan.

Agradezco al CEIICH y a Abigail, curadora de la exposición; a Yurizi y Mauricio, del CEIICH, y a Claudia, del museo UNAM Hoy, por hacer posible este encuentro. Invito a visitar la exposición y llevar a sus salas las preguntas que estas tecnologías despiertan en nuestra vida cotidiana.

Salir del guión comienza cuando dejamos de asumir que nuestro único papel consiste en adaptarnos. La IA no se sale sola del guión: hacen falta personas y colectivos que intervengan sus usos y disputen sus condiciones. Como los alebrijes que recorrían la ciudad, imaginar otras formas requiere manos que las construyan y comunidades capaces de decidir sobre ellas.

La posibilidad de escribir otras escenas sigue abierta. Habrá que construir las condiciones para hacerlo colectivamente.


Google news logo
Síguenos en
Luis Josué Lugo
  • Luis Josué Lugo
  • Laboratorio de IA, Sociedad e Interdisciplina (CEIICH, UNAM).
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.