En política, recordemos, el miedo se moviliza más rápido que la esperanza al activar la percepción de amenaza en nuestras vidas. Reduce nuestra complejidad cognitiva.
Aumenta la búsqueda de autoridad. Y favorece decisiones rápidas y binarias.
¿Quién, en su sana mente en Coahuila, desearía retornar a la violencia criminal que padecimos de 2007 a 2014?
Como secuela a ese período que padecimos, Coahuila ha experimentado el miedo de dos maneras distintas pero paralelas:
En su dimensión más cotidiana, el miedo generó de manera sutil, un mayor retraimiento social; una vida más privada, una desconfianza horizontal y una fuerte despolitización.
El miedo nos hizo exigir un Estado fuerte; mientras fragmentaba, hasta cierto punto, la comunidad. Frases como “Cuídate tú”, “no te metas”, “no opines”, “mejor no denuncies”, “no toques el claxon cuando manejas”, se tornaron comunes. El coahuilense -en general-, se tornó prudente, autocensurado y calculador.
En una dimensión pública, sin embargo, el miedo apareció en Coahuila como pegamento social: porque produjo cohesión social (los vecinos se organizaron para protegerse entre ellos) y las colonias crearon con autoridades policiales redes de seguridad.
En este caso, el miedo generó una solidaridad participativa y defensiva.
También, el miedo reforzó identidades políticas, favoreció, por encima de otros partidos, la eficacia y la eficiencia del PRI para combatir la inseguridad pública; desplazó otros debates (educación, cultura, etcétera) para centrarse en la seguridad y simplificó el horizonte político.
Así mismo, legitimó jerarquías bajo un riesgo constante del crimen organizado: toleró un liderazgo fuerte basado en la voluntad política del gobernador, estableció el mando único en la mayoría de los 38 municipios, permitió la coordinación de esfuerzos operativos y estratégicos con el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional y facilitó la inversión en infraestructura y recursos para evitar el retorno del crimen organizado a Coahuila.
¿Podrá, en el futuro, la política cumplir esa doble función: erradicar, al máximo posible, la inseguridad pública y sanar nuestra cultura del miedo?
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