Usted se preguntará, apreciado lector: ¿quiénes son esos personajes? Le respondo: Layla y Leticia son consejeras del Instituto Electoral de Coahuila (IEC). Óscar también y, además, su encargado provisional.
Nosotros pagamos, con nuestros impuestos, sus salarios para cumplir a cabalidad con “la función de organizar, desarrollar, vigilar y validar -con imparcialidad, transparencia y equidad- los procesos electorales locales en Coahuila”.
El 8 y 10 de marzo pasados, publiqué dos columnas de opinión tituladas “¿La morenización del IEC?” que provocaron en los tres, como bien lo precisa mi compañero de página, Carlos Arredondo, un “ataque de nervios” de pronóstico reservado (Vanguardia: 11-04-2026).
Su respuesta, por esa misma excitación descontrolada que les obligó a jalarse los cabellos hasta sacarlos de su raíz, fue descabellada.
Los tres negaron la obviedad de su parcialidad por Morena y lamentaron el impacto de mis artículos en su inmaculada investidura institucional. Intentaron, por tanto, descalificar mis opiniones por subjetivas, irresponsables o carentes de sustento.
Y me acusaron, en el colmo de su barbaridad supina, de “agraviar su persona, honor, imagen y reputación”. Layla, más sincera, sugirió que mis editoriales afectarían de manera directa “su desempeño institucional”.
¿Qué culpa tengo, me pregunto, de haber soplado con la ligereza del aletear de un colibrí sus delicadas personalidades? Sobre todo en un ámbito en el cual la crítica al funcionario público -desde cualquier trinchera editorial, es el pan democrático de cada día.
Por ello, en un ejercicio de autocrítica sana, con sesión de yoga previa para no afectar la etérea fragilidad de sus personalidades, les sugiero interrogarse a los tres:
¿Por qué yo, Lety, fui acusada de utilizar mi poder para “ofrecer cargos de primer nivel en el IEC a cambio de apoyo para que mi esposo, Ernesto Alfonso Rosales Arcaute, accediera al Consejo de Participación Ciudadana” del Sistema Estatal Anticorrupción?
¿Porqué yo, Óscar, decidí imponer placas para honrar a los presidentes del IEC en la Sala de Sesiones sin mencionar a ninguno de los presidentes anteriores?
¿Por qué eliminé mi carácter provisional para auto encumbrarme como consejero presidente en la placa? ¿Por qué, en el colmo de mi amor gatuno, enmarqué esa misma placa con imágenes de gatitos? (Continuará).