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Jueves , 21.02.2019 / 23:19 Hoy

Desde mi rincón

Avinu Malkeinu

Luis Augusto Montfort García

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Quizás hoy como nunca, sea oportuno invocar una y otra vez la frase: “líbranos del mal”, con que acaba la oración cristiana el “Padre Nuestro”. Aunque la versión que se reza en el mundo creyente tiene su origen en los evangelios de Mateo y Lucas, cabe recordar que Jesús vivió en el mundo de la espiritualidad judía, por lo que seguramente, habrá vivido la liturgia hebrea y rezado una oración equivalente que se reza en la sinagoga, llamada “Avinu Malkeinu”, título cuya traducción es precisamente “Padre nuestro”, en el que se le pide a Adonai (Dios) misericordia y bondad y que coincidentemente termina con la petición “vehosh’ienu”, que significa: “y sálvanos”.Es fácil apreciar la figura con que en ambas oraciones se da la condición paternal a la relación del hombre con Dios, con lo que implícitamente se le encomienda a Él, la responsabilidad de librarnos y salvarnos, pero en un contexto psicológico del siglo XXI resulta pertinente preguntarse: ¿en donde esta el mal del que pedimos que nos libre? y ¿de que o de quien nos debe salvar?Según algunos profesionales de la conducta de la escuela jungiana, asumir la bondad como condición natural del ser humano puede ser un error básico, que impide el crecimiento y el desarrollo de nuestras virtudes, a partir precisamente del reconocimiento de nuestra maldad potencial implícita y nuestros vicios recónditos.Nuestra capacidad para el mal puede ser tan terrible, (como lo evidencia nuestra actualidad cotidiana), que lo único que nos puede salvar es el acuerdo civilizado, en el que no solo el castigo se asuma como consecuencia de nuestros actos, sino también en el que quepa la convicción firme y clara, de que siempre tenemos la alternativa de obrar bien o mal, donde la primera opción nos perfecciona como seres humanos a diferencia de las bestias, mientras la segunda nos degrada y a la larga nos destruye emocional y espiritualmente.El mal tiene múltiples formas y niveles, podemos creer en un padre universal y rezarle, pero para librarnos y salvarnos del mal, debemos empezar por reconocer y controlar el que habita dentro de nosotros mismos, lo demás… vendrá por añadidura.


lamontfort@yahoo.com.mx

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