Política

Pueblo Quieto limpieza social

  • ¡Ahí Les Voy!
  • Pueblo Quieto limpieza social
  • Leonardo Schwebel

Pueblo Quieto no es un foco rojo: es un foco fundido desde hace años. Ahí no falló el Estado; el Estado se retiró. Lo dejó en manos del abandono, del crimen y de una lógica perversa donde la violencia termina administrando lo que la autoridad se negó a gobernar.

No se trata de un problema nuevo ni inesperado. Se sabe quién controla, cómo opera y por qué se reproduce. Lo saben las policías municipales, lo sabe el gobierno estatal y lo saben quienes presumen cada operativo como si fuera una hazaña. Entran, barren lo visible, se toman la foto y se van. Y cuando se van, todo vuelve a su lugar. Porque nunca se tocó el fondo del problema.

La omisión sistemática se parece demasiado a la complicidad. Cuando un territorio se deja degradar durante años, cuando se permite que ahí se concentren delitos, adicciones, explotación y muerte, el mensaje es claro: hay zonas sacrificables. Eso es limpieza social por abandono, por conveniencia, por cobardía institucional.

Pueblo Quieto funciona como válvula de escape. Ahí se tolera lo que no quieren ver en otros lados. Ahí se encierra la miseria para que no incomode al resto de la ciudad. Mientras exista ese “contenedor” del horror, el discurso oficial puede seguir hablando de progreso, de orden y de control.

La autoridad solo aparece cuando el escándalo rebasa el silencio. Cuando hay muertos imposibles de ocultar. Cuando la presión mediática obliga a fingir acción. No hay política pública, no hay reconstrucción social, no hay presencia permanente del Estado. Hay patrullajes temporales y después abandono deliberado.

Lo más grave no es Pueblo Quieto. Lo más grave es la idea que lo sostiene: que hay ciudadanos de segunda, territorios prescindibles y violencia aceptable si ocurre en el lugar “correcto”. Esa lógica no se queda contenida. Se filtra. Se expande. Contamina a toda la ciudad.

Pueblo Quieto no es un problema de seguridad. Es una confesión. La confesión de autoridades que prefieren que las cosas sigan pasando mientras no les exploten en la cara. Pero la historia es clara: cuando el Estado decide no estorbar, alguien más toma el control. Y ese alguien nunca gobierna con leyes, gobierna con miedo.

Es una decisión sostenida de dejar que otros hagan el trabajo sucio.


Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.