Cultura

El libro del destino

  • Taller Sie7e
  • El libro del destino
  • Laura Olivia Hernández

¿Qué nos dicen las estrellas suspendidas en la mansión celeste? Los antiguos mexicanos tenían una necesidad de estudiar el cielo, los planetas, los astros y era en el Libro del Destino donde se registraba la cuenta de los días más sagrados. Para instruirse en la escritura azteca, se necesitaba aprender a formar símbolos y dibujos que eran sus letras. Los tlacuilos recibieron la ciencia de la escritura de los sacerdotes. Ellos sabían que: “Un buen pintor debe tener a Dios en su corazón, debe dibujar cosas con el corazón y debe hablarle a su propio corazón. Debe conocer de colores, aplicarlos, sombrearlos. Dibuja pies y rostros, esboza las sombras, intenta lograrlo: entonces, será llamado tolteca, maestro. Pinta los colores de las flores, pinta teniendo a Dios en el corazón”. Es como una oración para recibir la energía, la fuerza, la intención amorosa de plasmar genuinamente su arte. Hoy se siguen interpretando esas enseñanzas. ¿No es tiempo de acercarnos a ese origen?

Para conocer se necesita curiosidad; los que tienen un espíritu aventurero y libre siempre van a ir a los libros. Los niños, con sus ojos inocentes, nos dan lecciones profundas: cuando algo los sorprende, de inmediato lo manifiestan. Los aztecas consultaban el Libro del Destino, llamado también Tonalpohualli; ahí se registraba cualquier movimiento del firmamento. Era importante saber cuándo el planeta Venus completaba su vuelta alrededor de la Tierra, en qué momento se originaba un eclipse solar y el instante en que la Tierra sombrearía a la Luna. Estaban muy al pendiente de ello porque afectaba a su gente; no emprendían alguna nueva acción sin consultar antes estos horóscopos. Si los planetas no estaban en posición favorable, no podían imponer nombre a un recién nacido. La mujer no empezaba a modelar un cacharro de arcilla a menos que el día fuera indicado. Ningún jefe guerrero iniciaba la campaña a menos que estuvieran los días afortunados.

En el equinoccio de primavera se siguen practicando añejos rituales, ceremonias de armonía, paz y gratitud. Buscamos en las cosmovisiones originarias una vereda para recibir ese calor interno que nos hace movernos; anhelamos producir una abundante cosecha de amor, ahora que tanto se necesita. Carpe diem.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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