Una chica viaja en un autobús, observa un video de una bailarina que se mueve al ritmo de una canción de Siouxsie and the Banshees, las luces neón de la coreografía iluminan su rostro. La chica baja del autobús, camina sola de noche y un grupo de mujeres con máscaras blancas la sigue de lejos; la alcanzan y la obligan a decir que se arrepiente de sus pecados; se trata de un grupo de cristianas ultraconservadoras que de día cantan y bailan como Las Ronettes y de noche castigan a las pecadoras e inmorales.
La banda sonora de Medusa (2021) está conformada por covers de The Animals, The Beatles, entre otros. Así como la película reinterpreta canciones clásicas, también actualiza el mito griego en el contexto del Brasil actual. En la película de Anita Rocha da Silveira hay justicieras evangelistas y sus pares, varones entrenados como militares que también castigan a los que se han alejado de Cristo. El fanatismo religioso va de la mano con el uso desmedido de la fuerza. El mito se cruza con el terror para mostrar cómo dicho fanatismo desborda a sus personajes femeninos.
Medusa se centra en María (Mari Oliveira) que, a partir de una herida en su rostro causada por una de sus víctimas nocturnas, comenzará a dudar de los preceptos religiosos. María atraviesa un cambio físico: su cabello deja de estar lacio y en una escena, los rizos parecen evocar las serpientes de la gorgona griega; como Medusa, ella tampoco reconoce su cambio físico, pero la guiará a su autodescubrimiento a través del deseo.
A partir de las heridas físicas, otras mujeres comienzan a reconocerse a sí mismas. Le sucede lo mismo a Michelle, influencer y vocalista del grupo que desmaquilla su rostro frente a su cámara revelando las marcas de la violencia física de su pareja. Para la película, ningún tipo de extremismo es sostenible durante mucho tiempo: las heridas conducen a la emancipación de las víctimas.
Medusa explora el castigo y la rebeldía, el fantasma de una modelo desfigurada por “su mal comportamiento” atormenta a las mujeres como si fuera una advertencia moral de su represión. Porque si la película da luces para entender el presente del Brasil, parece hacerlo a partir del grito colectivo de la escena final, cuando la conducta de las mujeres deja de ser una coreografía pop y estalla en la declaración de un “nunca más”.
Karina Solórzano