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¿Y si sí?

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No sé quién empezó a aplicar la frase “¿Y si sí?” a la posibilidad de que la Selección Mexicana llegara lejos en este Mundial, pero quien haya sido merece una felicitación. En tres palabras condensó algo mucho más profundo que una ilusión futbolera: la decisión de desafiar el pronóstico y creer que, aun con las probabilidades en contra, vale la pena intentarlo. Ojalá adoptáramos esa misma actitud frente a los problemas que enfrentamos en México. 

Es cierto, para variar, no pudimos superar el maldito quinto partido. Pero aun en la derrota quedó una sensación distinta, una de orgullo y dignidad. Competimos de tú a tú contra Inglaterra, una de las mejores selecciones del mundo. Estuvimos abajo casi todo el partido y nunca nos rendimos. Durante semanas, la energía colectiva del país tuvo un solo destino.

¿Por qué no ampliar esa disposición a otros ámbitos de nuestra vida pública? Muchos mexicanos dan por hecho que ciertos problemas simplemente no tienen remedio. Que la corrupción es inevitable. Que la pobreza se hereda. Que la movilidad social es una fantasía. Ese fatalismo termina siendo una profecía autocumplida. Cuando dejamos de creer que algo puede cambiar, también dejamos de exigir que cambie.

Aquí es donde el “¿Y si sí?” adquiere un significado mucho más poderoso. No como una manifestación de optimismo infundado, sino como una invitación a cuestionar el statu quo y a actuar como si las cosas pudieran ser distintas.

En el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, institución que presido, esa pregunta guía buena parte de nuestro trabajo. ¿Y si sí logramos que en México las oportunidades no dependan del código postal en el que nacemos? Y, siguiendo la metáfora futbolera, ¿y si sí construimos una cancha pareja para que el talento y el esfuerzo pesen más que la condición de origen?

La misma lógica aplica para muchos otros temas pendientes. ¿Y si sí dejamos de aceptar que se cancelen proyectos estratégicos por culpa de un capricho presidencial? ¿Y si sí castigamos los sobrecostos, los proyectos mal planeados o las obras que no cumplen sus objetivos? Buena parte de los proyectos emblemáticos del gobierno de López Obrador quedaron muy lejos de las expectativas con las que fueron presentados. Estoy seguro de que en muchos países esos resultados abrirían un profundo debate sobre la calidad del gasto público y la rendición de cuentas.

También podríamos exigir cosas elementales como castigar la corrupción, reducir la impunidad y dejar de normalizar la ineficiencia gubernamental. Ninguno de esos objetivos es fácil. Pero tampoco era fácil competir de igual a igual contra una potencia futbolística, y México demostró que era posible.

Quizá la mayor enseñanza que deja este Mundial no tenga que ver con el futbol. Durante unas semanas millones de mexicanos creímos que el destino no estaba escrito. Que el pasado no necesariamente determina el futuro. Esa es una actitud que convendría conservar aun después de la eliminación del tri.


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Julio Serrano Espinosa
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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