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Viernes , 19.04.2019 / 21:46 Hoy

Apuntes financieros

Rehenes de la CNTE

Julio Serrano Espinosa

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Aunque parezca increíble, la nueva reforma educativa está secuestrada por un pequeño grupo de maestros inconformes.

La Cámara de Diputados decidió el lunes pasado postergar la reforma hasta alcanzar un acuerdo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, mejor conocida como CNTE. Por si acaso necesita refrescar su memoria, es la misma CNTE que impidió que se llevaran a cabo varias sesiones en San Lázaro la semana pasada. La misma que tomó las vías férreas en Michoacán hace un par de meses causando un enorme daño económico al país.

Negociar está bien, siempre y cuando no se comprometa la calidad de la educación de nuestros hijos. Cualquier reforma tiene que incluir necesariamente dos elementos ligados: la capacidad del gobierno de asignar las plazas magisteriales y la medición del desempeño de los maestros mediante una evaluación. Por supuesto que tiene que incorporar otras características. Pero sin estos dos pilares, la reforma será ineficiente.

No me importa la semántica que quiera utilizar el gobierno para las evaluaciones. Si las quiere llamar “diagnóstica” para eliminar lo que perciben como su aspecto “punitivo”, allá ellos. Pero lo que no puede estar en la mesa es desligar el desempeño de un maestro con su capacidad de enseñar. Si un maestro no es efectivo tiene que existir la posibilidad de retirarlo del salón de clases. De igual manera, es indispensable que la selección de los nuevos maestros se realice en base a su capacidad y no a su relación con el sindicato o a su parentesco con algún maestro.

Lo que es increíble es que ambas batallas ya estaban ganadas en la reforma educativa de Peña Nieto. El costo político ya lo había asumido otra administración. ¿Para qué reabrir esos frentes? ¿Por qué no mejor construir sobre la reforma educativa existente y mejorarla? ¿Para qué destruirla?

El gobierno habla de buscar un consenso entre los distintos actores educativos, incluida la CNTE. El objetivo es loable. Entre más apoyo tenga la reforma más fácil será implementarla. Sin embargo, buscar un consenso a como dé lugar cuando uno de los involucrados es un grupo conocido por sus estrategias de extorsión es una invitación al fracaso.

Es más, me atrevo a decir que si la nueva reforma tiene el aval de la CNTE debemos preocuparnos. Esto significaría que es una reforma completamente diluida, sin los elementos clave que mencioné arriba de independencia gubernamental para asignar plazas y de la evaluación docente. Ambas medidas han sido duramente atacadas por la Coordinadora. Sus líderes quieren retomar el control de las plazas y eliminar cualquier tipo de evaluación.

López Obrador la tiene muy complicada. No veo forma que complazca a la CNTE y al mismo tiempo saque adelante una reforma que mejore la calidad de la educación. Algo tendrá que sacrificar. Por el bien de nuestros hijos, espero que sea la CNTE.

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